Pacto Educativo Global e identidad calasancia del maestro

Zaida Arango Upegui. Maestra de ciencias naturales en secundaria.

Colegio Calasanz. MEDELLÍN (COLOMBIA)

La formación más eficaz es la que toca el núcleo vocacional de la persona. El conocimiento de la realidad humana hace de la filosofía escolapia una forma de ver y transformar el mundo desde el poder de la educación. Calasanz le da un gran valor al oficio de maestro entendiéndolo como un apostolado hacia el encuentro con la luz y las letras que eliminan la ignorancia y llevan al camino de la plenitud.

Por ello, es importante una sólida formación en identidad calasancio, que lleve a los maestros a ser eficaces “cooperadores de la verdad”, capaces de inspirar a los alumnos el mejor camino hacia una vida plena y feliz. Esta formación está sustentada en tres pilares: formación en identidad espiritual (ser), formación en contenidos culturales (saber) y formación en metodologías (saber hacer) sin perder de vista, el fin último de la Escuelas Pías: la formación integral de los niños y jóvenes para que descubran su vocación y se salven de la esclavitud de la ignorancia y del pecado, llegando así a una vida plena.

El pacto educativo global es una invitación a construir una “aldea de la educación” que forme personas maduras capaces de superar las fragmentaciones y reconstruir el tejido de las relaciones humanas fraternas, con un impulso grande hacia el servicio y la comunidad.  Esta aldea requiere que los maestros ‘pongan a la persona en el centro’, ‘inviertan las mejores energías con creatividad y responsabilidad’ y ‘formen personas dispuestas a ponerse al servicio de la comunidad’. Para lograrlo, los maestros deben tener una sólida formación espiritual y académica, con grandes dones para encontrar el método más sencillo y eficaz para guiar y acompañar el proceso de formación de la persona. En definitiva, los maestros calasancios deben tener claro que: “los escolapios hemos recibido un carisma que viene de Dios, una lectura calasancia del evangelio, una historia, una espiritualidad y pedagogía propias, personas en comunión, escuelas e instituciones específicas, que nos permiten hacer presentes a Jesús Maestro y la Maternidad de su Iglesia a los pequeños.”

Lo que hace especial al maestro calasancio es el compromiso con la tarea de educar, no solo para que sea excelente en sus conocimientos, sino que descubran su “interna inclinación” y lo pongan al servicio de los demás.

Las escuelas Pías requieren en estos momentos que los maestros entiendan su trabajo como un apostolado cuya misión es llevar luz a la vida propia y a las de los demás.  Es indispensable, la formación sistemática de los maestros en identidad calasancia, para que se pueda hacer de las diferentes plataformas educativas que lideran y orientan espacios que brinden educación con claves de ciudadanía global, humanismo solidario y ecología; espacios donde se trabaje con esmero, dedicación y entrega, donde se construya la fraternidad, se promueva la cultura del encuentro y que estén abiertas y dedicadas a los niños; en palabras del Padre Pedro Aguado sean escuelas a pleno tiempo

Escribió Calasanz “el crédito de las escuelas Pías está en tener buenos maestros”. En la actualidad se sigue manteniendo esta premisa, las Escuelas Pías se mantienen gracias a “sus buenos maestros”; los que se comprometen con valentía a dar la vida a un proyecto educativo donde se invierten las mejores energías, creatividad para transformar la sociedad civil, que ofrece educación de calidad a la altura de la dignidad de la persona humana y su vocación a la fraternidad.

La propuesta más cercana y valiosa para alcanzar los propósitos del pacto educativo global y de la calidad calasancia está en volver la vista sobre lo “simple”, que en esencia no lo es, formar a los maestros en la escuela interior, en la escuela calasancia, en las virtudes que Calasanz entiende como necesarias para ser un buen maestro (amor a Dios, humildad, autoridad y ojo clínico para conocer profundamente sus alumnos).

Para ello, se debe usar de los recursos y herramientas que se tienen disponibles como son los cuadernillos de identidad calasancia. Pero, y por qué retomarlos, la respuesta es un poco evidente, pero vale la pena darla: porque la movilidad de los educadores en las instituciones, en estos tiempos en los que encontrar el arraigo de las personas es cada vez más complejo, hace que se pierda la identidad, ya que no es posible identificarse con algo que no se conoce, porque parece que los nuevos profesionales de la educación tienen como objetivo migrar, no vincularse completamente con “nada”. Y cómo hacerlo, bien, es claro que esta formación de sesiones cada mes o cada que se consiga un espacio entre la vida escolar, ya que pierde sentido, se dilata y se pierde porque, además, se hace inviable hacerle seguimiento; tampoco puede ser en grupos macro, debe ser en pequeños grupos y con regularidad; más allá de muchos tiempos, es con acciones concretas.

La propuesta podría ser plantear su trabajo como seminarios de formación en cada semestre, uno al inicio del año escolar y reforzarlos en segundo semestre en semana institucional. También sería viable trabajarlos como parte de retiros espirituales. En estos espacios de formación se puede hacer uso del trabajo tipo portafolio, que, como colección de trabajos derivados de un objetivo trazado, puede constituirse como el instrumento en el cual reposa el esfuerzo que materializa la reflexión sobre la gestión de los propios procesos de aprendizaje y por ende del acercamiento a la construcción de la identidad calasancia que debe tener cada maestro. Evidentemente este trabajo debe tener una retroalimentación que permita a cada individuo obtener las claridades necesarias para guiar su identidad vocacional como maestro escolapio. Esta retroalimentación la puede hacer el orientador, los compañeros de camino y también el mismo maestro (operaría como una evaluación para el aprendizaje)

En general, es indispensable y podría decirse como urgente, crear un sistema pedagógico que forme los maestros según el carisma e identidad calasancia que debe caracterizar las Escuelas Pías. De otro modo se puede perder el legado y el desarrollo de los desafíos del pacto educativo global se hagan más lejanos. Recordemos que la educación es un acto de esperanza que invita a la coparticipación en la creación de una lógica capaz de acoger nuestra pertenencia común, pero, solo lo logramos si nos sentimos identificados con aquello que enseñamos, aprendemos, educamos.

Solo es posible, vincularse al pacto educativo en sus siete compromisos, si el maestro adquiere la identidad calasancia y aporta a cada uno de los desafíos de la calidad educativa, si se vincula con el carisma, con la misión, con su ser, desde la mirada de Calasanz con ser un cooperador de la verdad.

Fuentes de lectura:

https://coedupia.com/. Cuadernillo de identidad. Formación de maestros.

https://coedupia.com/. Cuadernillo de identidad. Centralidad de los niños y jóvenes

Asiain, Miguel Ángel. La vocación educadora de Calasanz. Rev. Pensamiento Educativo, Vol. 42, 2008. pp. 181-208. Tomado de file:///C:/Users/USUARIO/Downloads/25743-Manuscrito-60633-1-10-20201218.pdf