ESCUELA, DIÁLOGO Y PACTO EDUCATIVO GLOBAL

Alejandro Alberto Mesa Mejía. Coordinador académico Provincia Nazaret

A partir de hoy, publicaremos semanalmente una serie de reflexiones que enriquecen a la literatura pedagógica sobre el Pacto Educativo Global. Sus autores son los alumnos del curso on-line que se está realizando en las Escuelas Pías de América.

La propuesta que el Papa Francisco hace de un Pacto Educativo Global parte del reconocimiento de que no hay educación sin diálogo. Si algo engrandece a la escuela como institución esencial en el mundo contemporáneo es su carácter dialógico. Esta es una realidad que se vive -o debería vivirse- en el nivel micro (al interior de cada aula) y también en el nivel macro (en el marco de las relaciones institucionales).

Pero ¿de qué estamos hablando al emplear la palabra “diálogo”? Se trata de una facultad de los seres humanos que les permite estar en “permanente interacción con sus semejantes mediante el lenguaje entendido como acto ético, como acción, como comunicación dinámica, como energeia” (Bubnova, 2006, pág. 100). El diálogo implica el intercambio de sentidos por parte de varios sujetos que se encuentran en igualdad de condiciones y asumen de manera natural las diferencias que les son propias. Todos los sujetos que participan de un diálogo despliegan y concretizan una condición específica (ética, social, cultural, entre otras), encuentran un espacio abierto para expresar lo que son y lo que encarnan, y participan de la posibilidad de construir acuerdos o incluso de acoger al otro en medio del disenso.

La escuela es un espacio privilegiado para el diálogo, como lo decíamos antes. El Papa Francisco con la convocatoria del Pacto Educativo Global propone a las escuelas integrar sus comunidades educativas alrededor de siete compromisos básicos: Poner a la persona en el centro, Escuchar a las jóvenes generaciones, Promover a la mujer, Responsabilizar a la familia, Abrirse a la acogida, Renovar la economía y la política, Cuidar la casa común (Congregatio de Institutione Catholica, 2019). En este sentido, a la importancia que en sí mismos tienen estos siete compromisos, se suma la oportunidad de recuperar a la escuela como institución dinámica y plural y como el lugar en el que confluyen los discursos diversos de las personas que la integran. A la escuela le corresponde activar su capacidad de convocatoria para constituirse en una verdadera red de voluntades que lleve a todos los integrantes de la comunidad educativa a sentirse corresponsables de su misión, compartiendo experiencias, recursos, propósitos y buenas prácticas.

Esto implica trascender los encuentros esporádicos o las charlas espontáneas entre los protagonistas. La magnitud de la tarea a la que ha convocado el Papa Francisco implica desplegar todas las características y condiciones de un verdadero diálogo institucional. El asunto de conversación es el Pacto Educativo Global, ahora solo resta que en cada escuela se garanticen y se propicien las condiciones necesarias para activar el diálogo: conceder voz a los interlocutores, abrir espacios de encuentro, motivar el intercambio libre, claro y respetuoso de sentido, acoger la diferencia y gestionar acuerdos, formar a los participantes y guiar a la acción.

Un diálogo de tal envergadura solo es posible a través de una acción organizada, de ahí la importancia de plantear al interior de la escuela un proyecto educativo dialógico que facilite la creación de las condiciones necesarias para que los miembros de las comunidades apropien el carisma y lo enriquezcan con su participación, definan objetivos comunes, pongan de manera generosa a disposición los recursos que su rol implica y tomen la decisión de caminar juntos en la misión de educar.

Poner a la persona en el centro, escuchar a las jóvenes generaciones, promover a la mujer, responsabilizar a la familia, abrirse a la acogida, renovar la economía y la política, y cuidar la casa común constituyen ámbitos de formación en los que la escuela puede aportar mucho a la sociedad.

Para ello es necesario que estos sean asumidos no como un contenido más para ser transmitido a través del discurso del maestro, sino como componentes existenciales vivos y actuantes en las relaciones que al interior de la escuela se establecen. El Pacto Educativo Global es un camino para transformar la realidad, y una escuela dialógica puede desempeñar un papel central para que el Pacto adquiera relevancia social y cultural en nuestros países.