Ayer tuvo lugar en el colegio escolapio de Budapest la clausura del II Congreso Internacional de Pedagogía Escolapia – Coedupia que, con el lema “Educación 360º”, congregó a más de doscientos educadores de todas las presencias escolapias.

En esta última jornada, cada una de las demarcaciones ha podido compartir sus propios ecos sobre lo vivido durante esta semana. En un ambiente cargado de emociones por lo vivido, todas las presencias de la Orden pudieron expresar qué se llevan y a qué aspiran. La puesta en común dio con algunas claves comunes, por ejemplo que la evangelización es más que catequizar, y pasa por el testimonio de la persona. Entre los regalos que se llevan del congreso están sentirse con un mismo corazón escolapio, el rico intercambio de experiencias o la necesidad de impulsar la formación y el liderazgo.

Tenemos que partir del estudiante que tenemos, más del que queremos, para desde ahí trabajar con ellos y acompañarles. “Solo aceptando su realidad podremos acompañar con mayor impacto”, expresaron diferentes provincias. También resonaron en el corazón de los asistentes el contenido de algunas ponencias, como la “armonía de los opuestos”, el contraste entre lo global y lo local, con experiencias muy novedosas, y la tensión entre lo formal y lo no formal. También la necesidad de evangelizar la cultura más que evangelizar “con” ella. Los diferentes testimonios destacaron el momento que vive ahora las Escuelas Pías, compartiendo la certeza de que la Orden está en transformación constante, viviendo una metamorfosis. Y apuntaron a consolidar los pilares de una red internacional escolapia, “pues nos une un compromiso compartido”. Las provincias agradecieron, una a una, el trabajo y la acogida de la Provincia escolapia de Hungría, su equipo de logística, así como el equipo de traducciones que hicieron posible el éxito del encuentro.

En el discurso de clausura, el P. General Pedro Aguado agradeció el trabajo en estos días. “Somos diversos, y tratamos de dar lo mejor de nosotros mismo a nuestros chavales, hacemos propuestas diversas pero en todas ellas se identifica a Calasanz. Disfruten de ser regalo de dios para los niños”, explicó en su intervención. Tenemos un proyecto bueno entre manos, –destacó– y son apasionantes las prácticas compartidas identificadas con los más vulnerables. Para el P. General, el congreso en sí mismo es el mensaje: “cuando nos convocamos y lo preparamos juntos somos capaces de hacer algo bueno y significativo, solo en equipo podemos crear algo mejor”. Y destacó los “regalos” de este encuentro: el testimonio de los propios chavales que han pasado, una provincia apasionada por la escolapiedad, la eucaristía compartida, el baile con los pequeños con, las historias compartidas, las redes que hemos ido tejiendo, las nuevas relaciones…

“Queremos responder al joven de hoy desde lo que él vive, pero ayudándole a comprender que ni él ni sus deseos son lo central, sino que hay algo más grande que él. Porque queremos a los jóvenes queremos que descubran todo lo bueno que hay en su corazón y darle lo que necesita para ser todavía mejor”, afirmó el P. Pedro.

El carisma de Calasanz vibra en cada rincón de las Escuelas Pías y por eso necesitamos encuentros como este, el carisma es más grande que uno mismo, por eso nos puede transformar y necesitamos seguir descubriéndolo. “Calasanz es además de actual, necesario”. Los niños siguen necesitando educadores que crean en ellos, porque desde ahí podemos acompañarlos para que sean personas que puedan transformar el mundo. “No se me ocurre labor más apasionante y novedosa”, concluyó el P. General.

Para finalizar el encuentro, tuvimos la oportunidad de celebrar la eucaristía en el colegio de Budapest junto con el obispo Michael W. Banach, nuncio apostólico de Hungría. En una ceremonia entrañable, en la que participó también el coro del colegio, Banach recordó las palabras del Papa Francisco, “la educación es un acto de amor”, y animó a los educadores a seguir trabajando por una educación integral. “La educación escolapia está dotada de un poder transformador que subraya el profundo compromiso de las escuelas en ayudar a los alumnos a crecer no solo en el saber, sino también en virtud, espiritualidad y rectitud moral”, explicó el obispo. “¡Sueñen en grande! –animó– Y luego, ¡sueñen más grande aún, como San José de Calasanz! Animad a vuestros alumnos a vivir la vida con el ejemplo de Jesucristo”. Con las palabras finales de agradecimiento del P. Provincial Viktor Zsódi concluyó este segundo Congreso Internacional de Pedagogía Escolapia.