El P. General presidió esta mañana la eucaristía matinal y recordó en la homilía las palabras del Evangelio “pedid y se os dará, …”. “Es una experiencia muy profunda que puede coincidir o no con la experiencia nuestra, pues no siempre que llamamos se nos abre y no siempre que buscamos encontramos… y esto es así porque este texto tiene que ver con Dios y con una intensa experiencia De Dios”. Esta es la experiencia de la fe.

Pedir, buscar, llamar… sobre esto tres ejes Calasanz nos dejó pistas: el día a día escolar, la acogida a los niños, la construcción de las escuelas Pías. “Si queremos hacer las cosas como el tenemos que acercarnos a su experiencia espiritual y llegar así poco a poco 360 grados, porque una educación integral necesita personas frecuentemente integrales”. Es un reto y un desafío, sentirnos frecuentemente pequeños para ser crecientes en la fe, porque sentirse pequeño es la mejor manera de llamar a dios. Crecer en ser pequeño. “La plenitud es la pequeñez llena de Dios, es la plenitud de Calasanz”, finalizó el P. Pedro.

Carina Rossa, profesora en le universidad de Roma, partió de su experiencia personal en el campo del voluntariado y cómo desde allí descubrió a Dios sin proponérselo. Rossa, que forma parte del comité que está haciendo el seguimiento del Pacto Educativo, destacó el liderazgo del papa Francisco en su amor por la escuela y en su preocupación. “Para cambiar el mundo hay que cambiar la educación”, explicó citando la papa Francisco. “Estamos convencidos del valor de la educación para cambiar la realidad, pero también somos conscientes de que, tal como está concebida, no la puede cambiar. De ahí el trabajo en las propuestas para el cambio que propone el papa Francisco”, explicó.

Para los jóvenes educar requiere entrar en situación, educar para la realidad y desde la realidad. Se trata de traer a las aulas la realidad misma, porque solo así el aprendizaje será significativo. “El futuro suscita temores y esperanzas en ellos, pero confían en la construcción colectiva y en los proyectos intergeneracionales”, explicó Carina.

Los jóvenes desean emprender proyectos de cambio cultural profundo que provoquen transformaciones a nivel global y local. En este sentido, “asumimos la realidad desde la complejidad, sistémica, que busca salidas para superar la incertidumbre y que es la característica del presente”. Para Carina, no se trata tanto de “provocar” una revolución, sino de impulsar un proceso de metamorfosis. La educación tiene que alentar la complejidad humana y social que vivimos y debe encontrar dentro de sí la fuerza que le permita cambiar esa situación. “La regeneración de la educación –dijo– vendrá desde dentro, para tener un impacto en los estudiantes: tener los conocimientos pertinentes, saber vivir, afrontar la complejidad (humana, social, económica), saber comprendernos los unos a los otros…”.

La profesora aportó algunas características de lo que será ese cambio, como la aparición de lo improbable, que explica que el cambio no será organizado, sino fruto de muy diferentes factores que lo hacen incontrolable. Para Carina en la misma crisis está la solución. “Las novedades nacen desde las crisis, no desde instituciones o ministerios de educación”, explicó en la ponencia y destacó la virtud del riesgo “porque del peligro surgen las cosas más impensables”. La propuesta de Rossa pasa por una educación comprometida con el territorio, en contacto con la realidad y donde participar es un proceso de compartir las decisiones que inciden en la propia vida y de la comunidad en la cual se vive.

En la segunda parte de la tarde tuvo lugar la mesa redonda acerca de la transformación social. Coordinada por Ernest Botargues (ICCE), la mesa contó con la participación de Cristina Costa (BET), Carlos Aguerrea (BRAS), Katarzyna Śledź (POL) y Joan Prat (CAT). Los ponentes tuvieron la oportunidad de explicitar su vocación educativa desde una mirada escolapia y compartir experiencias en sus respectivas realidades, desde el programa de Escola Oberta que se lleva a cabo en España, hasta el proyecto sociocomunitario en Anzaldo (Bolivia), que identifica problemas del entorno social para llevarlo al aula y trabajarlo con los pequeños.  “La transformación social tiene el poder de tocar el corazón de los jóvenes y mirada ampliada… y eso influye en las decisiones que toman en su futuro”, explicaron durante las intervenciones. Y destacaron, entre otros desafíos, la convivencia con los más necesitados, “vivir con ellos para aprender a vivir el mundo de otra manera, a través de otra lógica de vida”. La solidaridad nace de la horizontalidad, de cuando los excluidos son nuestros amigos y nos cambian la mirada. “La experiencia de convivencia con los excluidos cambia la vida”, compartieron. Entre las conclusiones, coincidieron los participantes en que hay motivos para estar esperanzados, estamos en camino, “ojalá llevarnos todo lo vivido estos días a la realidad local para, desde dentro, hacer que nadie quede atrás”. “La diversidad es fabulosa”, finalizaron.

Durante la primera parte de la tarde, el profesor Zoltán Szűst decano de la facultad de Pedagogía de la Universidad Católica de Eszterházy, compartió su ponencia entorno a los desafíos de la inteligencia artificial en el ámbito educativo. En su exposición el profesor Szűst dijo que la “Ia” no es exactamente inteligencia, “es una máquina incapaz de llegar a pensar, ya que la mente humana no funciona como un programa de computadora, ni un programa de computadora puede ser una mente”, explicó.

La ia no puede generar problemas nuevos, ni elegir la metodología educativa, ni de que los estudiantes están cansados o aburridos, ni comprender el clima de la clase, ni ser un modelo a seguir, pero sí un buen maestro. “A la IA no le interesa lo que está bien o lo que está mal… te dará respuesta en base a los que le has pedido y puede leer. No está programada de una manera profunda, ni puede tener sueños, ni querer, ni perdonar”, explicó hablando de las limitaciones. Sin embargo el mundo digital no deja de ofrecernos oportunidades, como durante la pandemia, donde se convirtió en un instrumento muy útil que nos permitió mantenernos cerca. Para el profesor el riesgo es que, con la IA, nos adentramos en un bosque de información desconocida.

Necesitamos seguir teniendo curiosidad y la atención constituye un desafío educativo. Con los nuevos formatos, más rápidos e instantáneos, no podemos transmitir ni comprender nad.  “Los jóvenes, ¿pueden prestar atención durante la hora de colegio?… La atención es también un nuevo reto”, destacó Szűst. También cuando les permitimos que los jóvenes utilicen la ia para copiar “estamos arruinándoles la educación, no se trata de que escriban un trabajo, sino que reflexionen y aprendan”. Para el profesor es imprescindible que tengamos presente que se trata de una máquina y que no tiene alma. Y en este contexto, “el pensamiento crítico es más importante que nunca”, concluyó en su ponencia. Ya por la noche, después de la cena, los asistentes pudieron disfrutar de una cata de fantásticos vinos húngaros con los que brindar por un día intenso de convivencia y aprendizaje.