Arquitectura escolar calasancia
Adaptado del libro «Santidad para el cambio social» (pp. 253-261).
Javier Alonso Arroyo. Sch.P.
Calasanz interesando en velar por la salud de los maestros y de los alumnos ponía como condición para aceptar nuevas fundaciones un edificio adecuado para los requerimientos de las Escuelas Pías. Una nueva Fundación se iniciaba por la petición de la autoridad del municipio o alguna persona noble de la ciudad; siempre con la anuencia de la autoridad eclesiástica. Quien solicitase el servicio deberá proveer de cuanto sigue: en primer lugar, una iglesia con el ajuar necesario y conforme con nuestra pobreza, según se ha dicho ya; el colegio para los alumnos; la vivienda para los nuestros, humildemente amueblada; la biblioteca, surtida según nuestras necesidades, y una huerta contigua, para evitar la ociosidad. (CC nº 178)
Cuando era preciso construir un edificio nuevo, quería que se le enviase los planos para que haga observar en ellos la verdadera pobreza, adornada de sencillez. (CC nº 181)
Calasanz sabía adaptarse a los edificios existentes, como lo hizo en san Pantaleón, el primer colegio de la Orden; pero al construir edificios nuevos solía dictar normas muy precisas. En primer lugar, las escuelas debían levantarse en lugares céntricos de la ciudad o del pueblo, dando preferencia a los barrios más populosos y pobres. Debían tener unos buenos cimientos y una estructura sólida porque debían sostener a muchas personas y aguantar mucho tiempo.
Le interesaba tanto la estructura del edificio como la ubicación del mismo.
Prefería una ubicación céntrica que facilitara la cómoda concurrencia de los alumnos. Nunca los quiso alejados de la ciudad, aunque muchas veces eligió o aceptó el centro de los barrios más pobres de las grandes urbes. Por otra parte, exigía disponer de un parque o jardín y agua corriente para uso de los escolares. Interesado en brindar las mejores condiciones para sus escolares, procuró aprender en los libros de arquitectura conocimiento referentes a la edificación para guiar los trabajos que se iban realizando en las diversas obras. Acostumbraba a mandar él mismo el proyecto y el diseño para guiar la construcción de la nueva escuela. Es curioso observar como la escuela que Calasanz tenía en su mente y en su imaginación se concretaba en sus fundaciones, se organizaba en sus reglamentos, se hacía efectiva en la elección de sus maestros y se consolidaba en una estructura que respondiera a sus principios pedagógicos.
En muchas de las cartas manifiesta un interés especial por el diseño de la escuela; incluso adquirió algún libro de arquitectura para él mismo dirigiera el diseño. Lo guiaban algunos criterios fundamentales:
- La escuela debía estar separada de la residencia de los religiosos.
- Toda la escuela debía tener comunicación con la iglesia;
- Debía disponer de un portón cómodo y amplio destinado al uso exclusivo de los alumnos.
- El ascenso a las diversas plantas debía hacerse a través de escaleras buenas, anchas, seguras.
- Todas las aulas debían disponer de un piso o pavimento enlosado.
- Además de las aulas para cada una de las clases debía existir una disponible para la enseñanza de la doctrina religiosa.
- Debía existir un salón para recitales, academias, ejercicios literarios, oratorio.
- No podían faltar el despacho para el prefecto, con comodidades para recibir a los padres de los alumnos.
- Las aulas debían disponer de una amplitud que permitiese el trabajo cómodo del maestro y de sus alumnos.
- Las aulas estaban presididas por un crucifijo, debían estar bien ordenada y ventiladas y adornadas con carteles, muestras caligráficas e imágenes.
- En el atrio de la escuela debía estar – como lo hemos anticipado – el reglamento vigente.
- Los baños debían estar divididos por secciones y ser – en número – adaptados a las necesidades de los escolares.
- Los alumnos debían disponer de agua abundante y segura para su consumo.
- No podía faltar un patio, parque o jardín para la recreación de los escolares.
No le importaba que el proceso de construcción de una nueva escuela durara tiempo si con ello se hacía de calidad y sin endeudarse. Cada una de las aulas debía tener un crucifijo, estar bien limpias y blanqueadas y los bancos en buenas condiciones. Debían ser amplias, sanas y bien protegidas contra las inclemencias del tiempo. Ordinariamente se decoraban con carteles, muestras caligráficas de los escolares, diseños, imágenes, inscripciones, himnos y epigramas. Sobre su tamaño, podrían estar entre cuatro por seis metros.