Proceso de atención individualizada, mediante el cual se favorece que los niños y jóvenes de nuestras Obras se sientan amados y respetados como personas, ofreciéndoles todos los medios disponibles para ayudar a su desarrollo integral: académico, psicoafectivo, social y espiritual.

El pintor valenciano José Segrelles tiene una pintura que expresa muy bien la idea de acompañamiento que tenía Calasanz. Se ve a los niños que caminan ordenados y en fila por la calle guiados por un ángel custodio vislumbrándose en un segundo plano, la imagen de Calasanz. 

La tradición cristiana describe a los ángeles custodios como a unos grandes amigos, puestos por Dios al lado de cada hombre, para que le acompañen en sus caminos: “Dios mandará a sus ángeles, para que protejan al justo en todos sus caminos”. (Sal.90,11) y Jesucristo mismo dijo a sus discípulos: “Mirad que no despreciéis a alguno de estos pequeñuelos, porque os hago saber que sus ángeles en los cielos están siempre viendo el rostro de mi Padre celestial”» (Mt. 18, 10).

Cuando Calasanz escribe el memorial a cardenal Tonti no duda en dar a los ángeles custodios el protagonismo que tienen en el proceso educativo: El ministerio de la educación es “Muy noble, por ser menester angélico y divino, realizado por los ángeles custodios, de los cuales los hombres se constituyen en esto cooperadores”. En realidad, los ángeles simbolizan de la acción de la gracia divina que cuida, acompaña e ilumina a los hombres.

Calasanz insistió mucho en la práctica de acompañar a los alumnos sus casas y lo hizo obligatorio cuando lo plasmó en las Constituciones: Terminado el horario escolar, no se quede ningún alumno en la clase. Acompáñenlos, según costumbre, a sus casas. Todos realizarán este acto de sencillez, incluso los confesores; y el Superior, por lo menos una vez por semana (CC nº 116)

El acompañamiento a las casas es sólo una de las geniales ideas que pone en práctica las Escuelas Pías para prevenir a la juventud de las malas costumbres. Se introdujo en tiempos de la unión con los Luqueses, parece que con la insistencia de Glicerio Landriani. Tenía una clara finalidad de protección en un doble sentido: para que los niños no hicieran travesuras y para que nadie pudiera abusar de ellos. De todos modos, ha sido una costumbre típica de las Escuelas Pías hasta que aparecieron los autobuses escolares.

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