Una escuela que cambia la vida. Colegio San José de Calasanz (Bogotá, Colombia)

Claudia Patricia Castro Rodríguez – rectora

El colegio San José de Calasanz me abrió las puertas cuando tenía 15 años invitándome a una eucaristía. Me llamó la atención la participación de jóvenes del Movimiento Juvenil que hablaban de sus realidades en la homilía. En ese momento me vinculé al grupo y ahora es una comunidad de adultos donde encuentro una manera de vivir la experiencia cristiana calasancia. En el año 2005 ingresé al colegio como docente de física, durante el 2010 hasta el 2016 estuve encargada de la coordinación académica y desde el año 2017 en la rectoría. En estos años he percibido que la obra de Calasanz tiene gran impacto para la vida de quienes se acercan a la institución, formando seres humanos dispuestos a servir a la sociedad desde sus dones y talentos.

 Nuestro colegio

El colegio San José de Calasanz se encuentra ubicado en el barrio Rincón de Suba en la ciudad de Bogotá y su apertura fue en el año 1985. En ese momento no había oferta de colegios de educación secundaria en el sector y se inició con tres grupos de grado sexto. Actualmente, atendemos a 1002 estudiantes de educación formal en los diferentes niveles de escolaridad. También se acompañan a 50 estudiantes de educación no formal en alianza con un colegio distrital de la zona.

En nuestra comunidad educativa contamos con varios exalumnos que optaron por ser educadores, uno de ellos es el coordinador Pedro Alexander Vela Bermúdez, quien desde sus más tiernos años ha visto cómo crece esta obra y nos compartió su experiencia: “en el colegio he estado desde el año 1989, mis hermanos también se formaron aquí y ahora sus hijos, todos tienen gran sentido de pertenencia con Calasanz y me alegra inmensamente ver el avance del colegio. En muchas oportunidades me detengo a pensar qué sería de mi vida si los escolapios no hubieran llegado a este barrio. Gracias a esta escuela encontré mi vocación y me siento orgulloso como exalumno porque me han apoyado y todo lo que soy se lo debo a Calasanz, pero la obra no solo cambió mi vida y la de mi familia, sino que transformó la vida de muchos niños”.

Hacia dónde vamos

Creciendo en los siguientes aspectos:

Integración de la familia, en el acompañamiento a las nuevas realidades sociales que están viviendo los niños, niñas y jóvenes.

 Fortalecimiento de la interculturalidad, como una necesidad de la proyección de vida de nuestros estudiantes en un mundo globalizado.

Inclusión educativa, en un trabajo colaborativo y en red, atendiendo las particularidades y necesidades de la población.

Escuela a tiempo completo, con el fortalecimiento de las extracurriculares, educación no formal y alianzas para la atención de la comunidad educativa.

 En clave de pastoral

Cada una de las personas de nuestra comunidad pueden dar testimonio de la vivencia pastoral, la coordinadora académica Diana Patricia Higuera Guerrero lo expresa de la siguiente manera: “cuando nosotros nos preguntamos cómo está el niño, cuáles son las situaciones que está atravesando y cómo lo podemos acompañar, nuestro punto de vista va más allá de la formación académica, contamos con espacios como la formación sacramental, acompañamiento espiritual y Movimiento Calasanz, entre otros. Es ahí donde descubrimos que ellos son felices y encuentran a Jesús vivo, ese es el mensaje más grande que podemos compartir, recordando que son los hijos amados de Dios, en palabras del padre Luis Padilla, siempre estamos ayudando a que descubran ese jardín interior, ese lugar donde Dios actúa”.

Experiencias que transforman

La docente de Yazmin Molano Castañeda, nos comenta desde su experiencia aquello que nos hace ser una escuela diferente a las demás, indicando que es la formación en Calasanz propende por la excelencia académica, cuidando también la formación espiritual y humana, lo que permite que constantemente estemos viviendo una escuela en la que acontece la vida, la fe y la cultura.

Y ese acontecer se refleja en espacios de vida, uno de ellos es de educación inclusiva, Flavio Vásquez Camacho, docente y exalumno calasancio, compartió su testimonio al respecto: “hay algo muy importante cuando uno sigue a Cristo y es ver las necesidades del otro. Una de las experiencias significativas fue participar en la formación de un estudiante que no tenía todas las condiciones que puede tener un niño en su cotidianidad debido a sus necesidades educativas especiales, sin embargo, el poder ayudarlo y llevarlo desde sus primeros grados hasta la universidad facilitó la construcción de su proyecto de vida”.

Esta es una obra de Dios y Calasanz, lo que nos permite continuar educando en Piedad y Letras.