P. Sergio Conci. Asistente para Ministerio, Provincia de Argentina

 

Comparto algunas reflexiones sobre el ministerio de las Escuelas Pías a partir de lo vivido en el Capítulo General, coincidente con la celebración del cuarto centenario de  la aprobación de la Orden.

En las sesiones tenidas en acogedora tierra mexicana escolapios de todo el mundo, religiosos y laicos, junto a un grupo de jóvenes convocados a esta instancia de discernimiento, se plantearon distintos desafíos que quedaron plasmados en los documentos conclusivos.

Pretendo aquí detenerme y resaltar algunos diálogos y aportes, a mi juicio más significativos, en torno al Ministerio Escolapio y la centralidad de la escuela.

La primera constatación importante es justamente que a los Escolapios nos sigue apasionando nuestro ministerio entre los niños y jóvenes y estamos convencidos que debemos darnos tiempo para hablar de ello.

Me limito a enumerar algunas de las aportaciones compartidas en el Capítulo General:

  • Las Escuelas Pías del S. XXI deben hacer una reflexión reposada del proceso que siguió la escuela en la modernidad, en los convulsionados siglos en los que se obligó a nuestras instituciones educativas a adaptarse y quedar bajo el control de los estados, por lo que, entre otras cosas, se nos quitó la posibilidad de continuar con escuelas gratuitas para las mayorías populares y ofrecer propuestas originales e innovadoras desde nuestra identidad.
  • Las periferias educativas o escolares actuales son más amplias de lo que se consideraba. La escuela popular respondía en una época a una mayoría iletrada. En la actualidad abundan, según los contextos, otros “analfabetismos” como la secularización, la falta de sentido, el materialismo, la ausencia de pensamiento crítico, el fin de las utopías, entre otros.
  • La clave evaluativa que Calasanz expresa en el Memorial al Cardenal Tonti es que su escuela producía tales cambios de vida en los muchachos “que ni se reconocían cómo eran antes” y eso no se está viendo en la escuela contemporánea centrada sólo o principalmente en los saberes teóricos, fragmentados y ajenos a la vida de los niños y adolescentes.
  • Como Escolapios debemos pensar y aportar a la Iglesia actual una nueva escuela católica que esté sustancialmente unida a su tradición genuina y a la altura de los desafíos y demandas del mundo actual.
  • El corazón de la escuela son los niños y jóvenes, especialmente los más necesitados y debemos responder a sus necesidades más genuinas superando creativamente lo que plantean modas pedagógicas o prácticas rutinarias anteriores.
  • La misión calasancia plantea “escuelas pías” en diversos modos y plataformas donde siempre se articula profunda y dinámicamente Piedad y Letras, de alguna manera todo se hace a modo de una escuela. Por eso todas nuestras obras son “Escuelas Pías”.
  • La distinción de la modernidad entre educación formal y no formal debe ser superada ya que la escuela calasancia no puede reducirse a los sistemas de educación validados por los funcionarios educativos de cada país o enmarcarse en las definiciones y limitaciones que los gobiernos (locales o globales) imponen a los centros educativos.
  • La llamada del Papa Francisco a nuevo pacto educativo global no puede dejarnos inactivos a nosotros que somos, desde Calasanz, pioneros de la escuela popular católica.
  • La familia es la institución más atacada en las sociedades actuales, al menos en Occidente, y merece que nos planteemos cómo asistir y acompañar a los padres, en su cometido de primeros educadores de sus hijos.
  • Las corrientes culturales dominantes se presentan cada vez más contrarias a valorar la escuela católica y siembran sospechas sobre los sacerdotes que están cerca de los niños.
  • En muchos sentidos y desde diversos autores se habla de una guerra cultural que se está librando incluso dentro de las instituciones educativas y que socava los fundamentos de la fe y de la razón.
  • Alguna voz se alzó para proponer una “escuela calasancia virtual” que, desde cualquier punto del globo, permita acceder a propuestas donde se integra la cultura, la vida y la fe de modo genuino y profundo.

La experiencia capitular, no sólo me permitió constatar la pasión escolapia por la educación de los niños y jóvenes sino que acrecentó también en mí la certeza de que Dios está decididamente implicado en su salvación. Él no dejará de conducirnos y debemos ayudarnos mutuamente a mantenernos atentos a sus inspiraciones. Tenemos una gran tarea pendiente.