En la colonial ciudad de Santa Ana de los Ríos de Cuenca, Ecuador, nace en el 2009 la Fundación Laescu (Laicos Escolapios de Cuenca). Es el resultado del proceso de acompañamiento de los padres Antonio Alonso Martínez Sch P. y Jesús Alonso Martínez Sch P., quienes, a través de espacios de formación humana, cristiana y calasancia a Laicos (en su mayoría maestras en servicio y pensionadas) descubrieron la necesidad de dar a la comunidad los dones, talentos y acción de Dios que habían encontrado durante el tiempo de formación en la Parroquia Corazón de Jesús.

Por tanto, se pusieron en la tarea de encontrar una población con la que pudieran vivir el carisma calasancio. En esta búsqueda pudieron ver las realidades de las familias que trabajan en los mercados de la ciudad, donde los adultos laboran desde el amanecer hasta altas horas de la noche; mientras que los niños que asisten a la escuela deben llegar a terminar sus tareas en los puestos del mercado y luego de esto trabajan con sus papás para ayudar a generar el sustento familiar.

De acuerdo con esta realidad contextual, Laescu decidió unir esfuerzos para ofrecer su ser y vocación como maestras conectado con una necesidad profunda por transformar la sociedad, especialmente la realidad de estos niños trabajadores de los mercados. Es así como 16 voluntarios laicos acordaron crear una escuela de tareas abierta a 30 estudiantes que contase con los elementos necesarios para profundizar en la realización de sus deberes escolares, la existencia de una zona verde donde pudieran correr, saltar, jugar, disfrutar de la vitalidad que representa el ser niños y disfrutar de un refrigerio sano para cerrar la jornada, ayudándolos a mantener un adecuado estado de nutrición. La claridad para evidenciar el elemento diferenciador de este espacio fue patente: el acompañamiento.

De esta manera, la escuela de tareas se abrió, llegando con los niños un sinfín de historias y realidades que motivaban a los laicos a comprometerse cada día más, permitiéndoles descubrir el sentido profundo de darse gratuitamente, dando sus pies, sus manos, su corazón, todo lo que son; experimentando así la formación recibida, siendo más humanos, más cristianos, más calasancios, viéndose envueltos en la misericordia de nuestro Señor, dejando que Él sea la luz y fuerza de la obra para que los niños puedan descubrir en lo profundo de su ser la capacidad de amar y sentirse amados para que sean plenamente felices.

Los retos nunca faltarán. Los niños suelen tener una alta rotación por las realidades familiares, el lugar donde se lleva la obra debe cambiar, se debe afianzar el vínculo con las familias, se deben buscar recursos; en fin, retos que, vividos desde una perspectiva cristiana al estilo calasancio, dinamizan la vida que acontece en ella, la reinventan y la potencian.

Elaborado por: Sonia Pesante

Fecha: Cuenca- Ecuador, 7 de febrero del 2020

 

 

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