La función directiva en la escuela de Calasanz

Adaptación de SÁNTHA, G.: San José de Calasanz Obra pedagógica, BAC, 1984, pp. 283-292. 

La responsabilidad máxima en las Escuelas Pías estaba en manos del ministro local o presidente del Instituto. Era la personificación del poder, el orden, la disciplina escolar y era el responsable de todo y delante de todos. Tal ministro local debía ser persona de madurez, prudencia, y de espíritu, hombre de acción, discreto, de carácter autoritario y enérgico, pero benévolo y humano, hombre virtuoso, ejemplar y fiel. Debía tener al menos, treinta años, con siete años en la comunidad por lo menos, sacerdote y maestro, por lo menos tres. Su cargo duraba tres años, pero podía ser confirmado otra vez para un nuevo trienio.

No solamente se encargaba de la selección del personal y de los maestros, sino que era el encargado de las conferencias pedagógicas semanales en las que recababa las opiniones e inquietudes de los educadores, tomaba conocimiento del estado general de la escuela, especialmente de sus problemas y aportaba su orientación y su mirada espiritual y pedagógica: “Deseo que al menos una vez por semana, en tiempo de recreo, tuvieran una pequeña congregación sobre las cosas de la Escuela y la manera de manejarlas, escuchando el parecer de todos, que muchas veces habla el Espíritu Santo por boca del que menos se piensa” (EP 0132)

El prefecto era el Superior efectivo y operativo de las escuelas, guarda inmediato y custodio de la moralidad y de los reglamentos, y el alma de todos los estudios; era quien vigilaba el orden de todo en la enseñanza, controlando las conductas de los alumnos y de los maestros.

  1. Debía cuidar el orden cuando los niños iban entrando a las clases y después en las escuelas (o aulas), visitándolas con frecuencia y observando cómo se conducían en ellas los maestros y los discípulos: “Esté muy atento para que las escuelas marchen bien, que es nuestro ministerio. Y haga usted de prefecto, visitándolas con frecuencia, que así cumplirá con su oficio” (EP 2684)
  2. Supervisar a los maestros y alumnos en lo que se refiere a la puntualidad, la asistencia, la calidad en el trabajo y el programa de clases.
  3. Recibía a los que se presentaban por primera vez, los examinaba y los colocaba en la clase correspondiente.
  4. Dos veces al año realizaba los exámenes correspondientes y trasladaba a los más aprovechados a las clases superiores
  5. Establecía los horarios y velaba por su estricto cumplimiento: “Procure que se observe puntualmente los horarios al tocar la campanita de la escuela, mañana y tarde, confiando el oficio a alguien que sea responsable e imitando, en lo posible, la forma de Roma” (EP 203)
  6. Cuidaba los libros habilitados para el uso.
  7. Respondía por el buen orden del instituto como garante de la buena disciplina de los escolares, a través de una vigilancia sobre los maestros, un control permanente sobre los alumnos y el contacto con los padres de familia: “Ordene que vayan bien las escuelas y que ninguno castigue sin conocimiento suyo” (EP 160)
  8. Velaba por la uniformidad y la identidad tanto en orden al método como a la disciplina en todas las escuelas: “ha de procurar que en todas las escuelas se den las mismas enseñanzas y se observe el mismo método” (Constituciones nº 212)
  9. Relacionarse con los padres de familia y otras personas extrañas a la escuela
  10. Visitar las aulas todos los días
  11. Vigilar por el cuidado y limpieza de las instalaciones.

Para ejercer tal misión, el ministro local debía estar liberado de clases.

El perfil que Calasanz exigía para el ministro local de las escuelas era muy exigente. Debía ser un hombre de un verdadero espíritu de oración y con dotes de gobierno. Debía gobernar con fortaleza de carácter; más con afabilidad que con rigor, no como superiores absolutos sino con prudencia, intentando captar, comprender y animar a todos; pero particularmente a los débiles. Son muchos los textos en los que Calasanz se dirige a los ministros locales para orientarles sobre su misión tan importante en la escuela.

EL Señor os dé luz para conocer el deber que tenéis y fuerza para practicar cuanto exige el cargo, para bien de los súbditos de la casa, aprovechamiento de los alumnos y buen ejemplo de los seglares: De manera que con diligencia y trabajando más que nadie, habéis suplir la falta de edad. Os advierto que las faltas de los superiores, por pequeñas que sean, son conocidas y señaladas por los súbditos (EP 0424)

La escuela dividida en grados exigía que hubiera un solo director y a éste correspondía la apertura y cierre de las escuelas (y el derecho a autorizar los ingresos y las salidas), la clasificación de los niños a su ingreso, la confección de programas, la vigilancia sobre los maestros auxiliares, la inspección de todos los grados, la implantación de los mejores procedimientos pedagógicos, la coordinación de todas las clases y el mantenimiento de las relaciones entre la escuela y el hogar. Esas eran las tareas y las atribuciones que en su organización Calasanz le atribuía al Prefecto.