LA EFICACIA EDUCATIVA DEL EJEMPLO
Extracto del libro: “Estudios Calasancios”. Veracruz 2011 del P. Francesc Cubells Sch.P.
Dice el refrán castellano que no hay mejor predicador que Fray Ejemplo. Muy convencido estaba Calasanz de la eficacia de la elocuencia de los hechos. Aludiendo sin duda a San Francisco de Asís, el cual con sólo andar por la ciudad de pareja con otro fraile afirmó que habían estado predicando con la ejemplaridad de su sola presencia, escribió nuestro fundador al P. Esteban Cherubini: “Vale más una prédica hecha con un ejemplo de modestia, de humildad, de paciencia en cualquier contrariedad, que muchos sermones de palabra”.
Además de esta ejemplaridad que el santo deseaba ver brillar en todo maestro, fue partidario del “aprendizaje vicario” (el que se funda en la observación de un modelo) y también de la “pedagogía del héroe”. Por ello, deseaba que se les narraran a los alumnos ejemplos, sobre todo de niños santos. Así lo ordenaba en sus Constituciones (317, 328) a confesores y predicadores cuando atiendan o se dirijan a los niños. En los Ritos Comunes, se prescribe que los profesores platiquen con sus alumnos contándoles “algún ejemplo de virtud premiada y de vicio castigado”. En carta al P. Castilla le exige que procure que todos los maestros, por lo menos dos días a la semana, relaten algún ejemplo acomodado a la capacidad de los alumnos. Las Constituciones del Colegio Nazareno ordenan que, en las lecturas que se tienen en las comidas de aquel internado, se empiece por la de la vida del santo del día. Para uso de los profesores, recopiló el P. Juan Francisco Apa una Centuria di esempli notabili di alcuni Fanciulli e Giovani, colección de ejemplos ordenados según los diez mandamientos del Decálogo, obra que anduvo manuscrita en vida de Calasanz y se imprimió en 1649 en Nápoles.
También quería que los profesores, sobre todo los de humanidades, compusieran epigramas en alabanza de los santos de cada día, los cuales escritos con excelente caligrafía fueran fijados en la puerta de la escuela o de la iglesia.
También repartía estampas del santo del día con las principales escenas de su vida. Aunque era muy cauto en permitir representaciones teatrales con niños, pues les distraían de sus estudios, cedía excepcionalmente cuando se trataba de escenificaciones o representaciones simbólicas de vidas de santos, permitiendo a los alumnos actuar como actores o asistir como público a las que tenían lugar en Roma por los Carnavales para contrarrestar el libertinaje de tan disolutos días (EGC 389, 849, 1967 y 2334).
También el epistolario calasancio está salpicado de ejemplos. Unas veces son bíblicos, como las alusiones a Adán, Abraham, Esaú y Job (EGC 1817, 2197, 3384 y 3808). A este último pone como ejemplo, por no decir «los caldeos me robaron los camellos», sino «el Señor, que me los dio, me los ha quitado». Del Nuevo Testamento reitera la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén vitoreado por los niños, a la que también alude en el párrafo 108 de sus Constituciones (EGC 437). Propone, asimismo, el ejemplo de San Pablo, de quien Dios, en cierto modo, desaprovecha sus dotes de propagador conspicuo del Evangelio, permitiendo que permanezca encarcelado durante dos años (EGC 2498).
También aporta ejemplo de los santos. A San Agustín lo presenta como modelo en su abstenerse de conversar con mujeres, aun las de su propia familia (EGC 2122). A San Mauro nos lo pone como ejemplo de sometimiento a los designios divinos, cuando al ir a fundar a Francia, lo probó Dios con la enfermedad (EGC 2276). Menciona las contradicciones experimentadas por Santo Domingo de Guzmán, cuando frailes suyos se resistieron a aceptar sus propuestas de pobreza (EGC 2232). San Francisco de Asís es modelo de humildad, al renunciar al sacerdocio, en contraste con escolapios que aspiraban a ordenarse cuando había profesado como hermanos laicos (EGC 3706). En dos ocasiones tiene muy presente como aviso cuanto hizo sufrir al de Asís el famoso Fray Elías (EGC 2232 y 3052). Gran ejemplo de pobreza evangélica dio San Raimundo de Peñafort, cuando al acompañar al Cardenal legado del Papa, en la predicación de la Cruzada, no quiso mudar la observancia regular en su género de vida (EGC 1951). Presenta a San Carlos Borromeo, del que fue muy devoto, como obispo ejemplar y de espiritualidad intensa (EGC 3461).
En la carta 2362 propone al P. José Frescio el ejemplo de paciencia de aquella viuda de Alejandría que pidió al Patriarca que le eligiera una mujer pobre para alojarla y servirla en su propia casa, pero que tuvo que soportarla con meritoria paciencia al resultarle desagradecida e injuriosa de palabra y de obra. En esta misma carta, expresa Calasanz una opinión que demuestra el elevado concepto pedagógico y pastoral en que tenía los ejemplos: “GLi esempli sono scritti per nostra dottrina” (los ejemplos han sido escritos para enseñanza nuestra).
Tampoco tiene reparo en relatar ejemplos de su propia vida, cuando un buen consejo al que lo había menester lo requería, como ocurrió con su ejemplar rechazo de la tentación de Valencia, cuando era estudiante y una dama lo quiso seducir, y los ejemplos suscitados por el contacto con gentes y clero, cuando fue visitador por tierras de la diócesis de Urgel ubicadas en los montes Pirineos.
No es maravillar esta tan grande afición de Calasanz en ilustrar sus enseñanzas con ejemplos, pues de pequeño ya nos lo presentan sus biógrafos subido en una silla, a indicación de su maestro, recitando ante sus condiscípulos los Milagros de Nuestra Señora, los que versificó Gonzalo de Berceo, tal como al santo se los hacía aprender de memoria su ejemplarísima madre.