Google dice que 9597 kilómetros separan Barcelona (Cataluña) de Mexicali (Baja California). Sin embargo, para los alumnos de Primero y Segundo de Primaria del Instituto José  Calasanz (México) y los alumnos de Primero de Primaria de l’Escola Pia de Sarrià (Cataluña) esa distancia no existe. O por lo menos, es mucho menor. Durante este curso 2018-2019, alrededor de 100 niños y niñas han sido compañeros de clase… a su manera. Se han conocido, han aprendido juntos y han realizado actividades compartidas.

No solo la distancia geográfica, climática –del desierto de Mexicali al mar Mediterráneo de Barcelona- u horaria, ¡nueve horas!, separa a estos niños y niñas. Sus realidades son muy diferentes: Escola Pia de Sarrià imparte enseñanza a más de 1800 alumnos, desde preescolar a Bachillerato y Formación Profesional, en uno de los barrios más acomodados de Barcelona; el Instituto José Calasanz solo imparte preescolar y los dos primeros cursos de primaria a unos 100 niños en la Colonia San Martin Caballero, una de las de mayor índice delictivo y desestructurado de la ciudad.

El hermanamiento de estas dos escuelas nace fruto del carisma escolapio y la misión compartida: transformar la vida de los niños y jóvenes a través de la educación y así transformar el mundo en que vivimos. Hace más de un año, educadores catalanes visitaron la Viceprovincia de Las Californias para conocer los proyectos comunitarios y educativos que allí se desarrollan. En esta visita les acompañaron responsables de la Fundació Educació Solidària, que apoya estos proyectos. Los recibieron con los brazos abiertos los escolapios de allí, así como los laicos que alientan estas obras a través de la asociación Educación Solidaria en las Californias.

En esos días intensos de vida compartida, nace la ilusión de sembrar la semilla de una amistad que se hiciera fuerte con los años. Meses después, las maestras de Primaria de Sarrià y el Instituto José Calasanz se conocieron a través de Skype y concretaron un plan para este curso. Su entusiasmo, su profesionalidad y su vocación escolapia han sido pieza clave para hacer realidad esta ilusión. Como lo han sido la implicación de la dirección de ambas escuelas, la confianza de las familias y el cariño de todos los que durante estos 11 meses han hecho de correo de un lado para otro del Océano Atlántico.

Para ser amigos, hay que conocerse. La primera actividad que los niños y niñas realizaron fue su propio autorretrato para presentarse. En un pasillo de Sarrià, los dibujos de los alumnos mexicanos han quedado expuestos todo el curso y en Mexicali, los de los alumnos catalanes. Aprovechando la celebración de San José de Calasanz, nuestro patrón, explicamos a nuestros nuevos compañeros cómo lo celebrábamos en nuestra escuela. El día 30 de enero, celebramos juntos el Día Escolar de la No Violencia y la Paz. Por primera vez, las 20 escuelas catalanas realizaban la misma actividad: una cápsula en el tiempo llena de deseos de paz y solidaridad que será abierta en cinco años. Los pequeños alumnos del Instituto José Calasanz se sumaron a los 20.000 compañeros de Catalunya,  y enterraron en su patio de tierra su cápsula. Los amigos de Sarrià la escondieron en el campanario de su Iglesia. Detrás de cada actividad, el mismo espíritu y un momento de convivencia, a través de fotos y vídeos que nos han permitido seguir el día a día. El 23 de abril, festividad de San Jordi, es una fiesta emblemática en Catalunya de dedicada al libro y la rosa: la cultura y el amor. Los amigos mexicanos se sumaron y este año la celebramos juntos: leímos el mismo libro (“¿Qué está pasando allá arriba?”) y nos lo explicamos. Completamos unas fichas y desde Barcelona enviaron a México unos bonitos puntos de libro para felicitarnos la diada.

Acabamos el primer curso de nuestro hermanamiento con una nueva reunión vía skype entre maestras, responsables de las escuelas y de las fundaciones, para valorar las actividades realizadas y enviándonos una canción de feliz verano. A los alumnos no hace falta preguntarles qué piensan: la alegría con que realizan las tareas o la emoción con que esperan los envíos de sus amigos hablan por si solos.

Nos sentimos orgullosos del camino que hemos empezado a construir juntos con cariño y respeto por nuestras realidades y personalidad propia, desde el trabajo conjunto y profesional, que nos ha permitido constatar el potencial del educador escolapio en cualquier rincón del planeta, así como sus fuertes convicciones. Todos aprendemos de todos. Los niños y niñas, los jóvenes, son el centro de nuestro día a día y esfuerzos.

La semilla que hemos plantado ha empezado a crecer. Nosotros seguimos soñando para el próximo curso, en que pondremos en marcha un Itinerario de Aprendizaje sobre los oficios para que los alumnos que han empezado juntos la primaria continúen aprendiendo y creciendo. Sumaremos nuevas generaciones al hermanamiento, nos planteamos el intercambio de maestros y ya se valora la posibilidad de que las familias también se conozcan.

El anhelo de Coedupia se hace realidad: conocernos y establecer redes de relaciones entre las Escuelas Pías del mundo.

Más información sobre el proyecto:

Lorena González: director.ijc@edusolidaria.or

Àngels Doñate: angels.donate@educaciosolidaria.com, angels.donate@escolapia.cat

 

 

Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar