Daniel Velázquez González  Sch.P.

Director HOCATI-Tijuana (Mexico)

Le pregunto a un niño de Hogares, ¿por qué no quieres ir a la escuela?  Me contesta con tono tristón: “el profesor me dice que no sé nada y me regaña”. Ese día el niño se salió del salón y se subió a un árbol gigante, varios maestros intentaron bajarlo, fue casi imposible. Nos llegó el reporte a la casa hogar de este grave suceso. No veo la gravedad en la subida al árbol gigante, sino más bien en la pedagogía del sistema educativo, que deja al margen a estos niños.

¿Tendremos la audacia para rehacer una escuela a la medida de las necesidades del niño abandonado del siglo XXI, como lo hizo Calasanz en el siglo XVI? El alma y el ser del niño abandonado fueron siempre una preocupación de Calasanz. En sus caminatas romanas y en el encuentro con los niños abandonados, se fraguó en su corazón y en su mente la idea de educarlos en Piedad y Letras.  Encontró a muchos niños solos, sin orientación, abusados de distintas maneras, maltratados, delincuentes, sin que nadie entendiera sus necesidades básicas.

Calasanz fue generando una intervención pedagógica única e innovadora para aquellos tiempos. Inventó la Escuela Popular Gratuita. Aquellos niños tenían necesidades muy especiales y se sintió comprometido a responderles con fidelidad a través de la educación. Para ellos fundó las Escuelas Pías. Así nació una pedagogía de la generosidad, pues solo desde esta actitud pedagógica se puede ayudar a los niños abandonados.

Hoy es necesario repensar la pedagogía de Calasanz, enriquecerla con las nuevas tendencias y de esta manera acercarnos a las necesidades urgentes del niño abandonado de este siglo. Para el P. Chinchachoma sería AMARLOS. Me temo que muchos temblamos al leer esta respuesta ya que nos perdemos entre la eficacia de la metodología y la didáctica y olvidamos lo esencial. Me pregunto por qué dará miedo apostar, literalmente, a la educación desde el Amor. He tenido contacto con muchas planeaciones magníficas y en ninguna aparece explícitamente la palabra Amor.

Si miramos con atención los distintos escenarios educativos nos encontraremos con muchos niños abandonados, en el salón de clases, en el patio o en los comedores de la escuela, en la catequesis, y más allá, en los parques, en los restaurantes, en las calles, en las fronteras. Sigue habiendo niños abandonados, marginados, excluidos por el sistema. Excluidos en nuestras mismas plataformas educativas. Honestamente, ¿qué estamos haciendo al respecto?

Hay niveles de abandono y es importante, como educadores, percatarnos de estas realidades, pues no podemos brindar la misma intervención educativa a un niño que ha sido abandonado por su familia que a otro que aun teniéndola lo está. La escuela pública actual no está preparada para cubrir ciertas necesidades del niño abandonado, como la escucha, el acompañamiento, el reconocimiento, la comprensión, la paciencia, el cariño, el amor.

Urge una pedagogía que intervenga ante el niño abandonado. Una pedagogía del cariño, no del regaño. Una pedagogía donde ganen y no pierdan. Ganen en autoestima, autogestión de emociones, autonomía, y no pierdan lo poco que van adquiriendo a través del menosprecio, el abandono, las burlas, etc. Una pedagogía calasancia renovada, resucitada para el niño abandonado.