En el Congreso de Educación Escolapia que se celebró en abril de 2017, la profesora María Nieves Tapia nos compartió una ponencia que nos da orientaciones para impulsar el Pacto Educativo en nuestras escuelas. Por su actualidad, hemos decidido publicarla en tres partes a las cuatro lenguas oficiales de la Orden.​

María Nieves Tapia. Directora Instituto Clayss. www.clayss.org.ar/index.html

Congreso Internacional de Educación Escolapia COEDUPIA 2017

 

Muchísimas gracias por la invitación. Lamento muchísimo no poder estar físicamente por cuestiones de salud, pero gracias a las nuevas tecnologías de comunicación puedo invitarlos a todos ustedes a mi casa y compartir con ustedes la oración y el encuentro.

Me alegra mucho poder participar también porque conozco bastante del carisma y la obra de los Escolapios. Yo me eduqué con los Salesianos -un carisma más joven que el de ustedes- y crecí dentro de la iglesia en el movimiento de los Focolares, un carisma todavía más reciente, y tengo que decirles que me resulta una enorme fuente de esperanza ver que los carismas más antiguos siguen vivos, que siguen dando frutos, que siguen haciendo presente a su fundador en el mundo contemporáneo como lo hacen ustedes en este encuentro. Me da mucha esperanza que también los carismas más jóvenes podremos ser capaces de mantenerlos vivos, de hacer presente a nuestros fundadores aunque pasen los años, así que su aniversario es también una ocasión de celebración para mí y para muchos otros en la Iglesia.

El título que me propusieron para mi presentación es “Educar para construir la comunidad”, un tema que seguramente no les resulta novedoso. Por eso no creo que pueda decirles nada que les resulte radicalmente nuevo, sino que quisiera simplemente ser un estímulo para repensar temas centrales para la vida educativa y para interrogarnos cómo podemos hacer para mejorar, para estar siempre un pasito más allá.

 

1- Una comunidad educativa “en salida”

Quisiera comenzar citando  una presentación que hizo el Padre Aguado cuando estuvimos en el Congreso Internacional de Educación en Roma en 2015 (si no la vieron todavía en video se los recomiendo[1]). Allí hablaba de alguans prioridades para la educación católica entre las que quisiera retomar dos que me parecen fundamentales en relación al título de este bloque, a qué quiere decir esto de “construir la comunidad”. Por un lado, llamaba a “crear una comunidad cristiana referencial” entendida como “alma encarnada” involucrando la identidad, un “proyecto enriquecido por el carisma”. Por el otro, a “cambiar la sociedad, preferir a los pobres, evangelizar a las personas y la cultura”.

Por un lado está esta dimensión quizás más íntima, más “hacia adentro” de la escuela, la dimensión de nuestra propia escuela como comunidad cristiana. Desde esta dimensión podíamos cuestionarnos en qué medida nuestras escuelas son comunidades cristianas que puede servir de referencia, de punto de partida para la vida y la fe de nuestros estudiantes. El Padre Aguado la llama “un alma encarnada”, y me pareció una expresión clave, porque  muchas veces las escuelas católicas tenemos la tentación de ofrecer muchos discursos y poca encarnación. Somos buenísimos para los discursos y las homilías, sabemos todo lo que tenemos que hacer, y también que no siempre es tan fácil llevar el Evangelio a la práctica, pero necesitamos no dejar de intentarlo encarnar, o no somos quienes decimos ser.

En esta dimensión de construir la comunidad cristiana, una escuela Pía no es cualquier escuela: hay un proyecto enriquecido por el carisma de San José de Calasanz. Y me parece que esta palabra “carismas” no siempre la usamos con la conciencia de la enormidad que implica: es el Espíritu Santo mismo, ese soplo de comprensión de la vida de Dios que llega a un fundador en un lugar y un momento determinado, pero que es un don para hacer presente al “Dios con nosotros” a lo largo de toda nuestra historia. Es el Espíritu que se quiere hacer presente en nuestro presente, en circunstancias tan diversas como son diversas geográfica y culturalmente nuestras escuelas, nuestras comunidades.

Cuando pensamos a nuestra comunidad educativa como una comunidad cristiana, siempre me desafían dos frases que se refieren a la vida de los primeros cristianos: “Todos los creyentes se mantenían unidos y ponían lo suyo en común” (Hechos 2, 42), y Tertuliano que dice que los paganos reconocían a los cristianos porque decían de ellos “Miren cómo se aman” (Tertuliano, Ap. 39). Siempre me pregunto: si alguien entra en nuestra sala de profesores, podría decir de nosotros “miren como se aman”, si entrando en un aula podría decir del vínculo entre nuestros docentes y nuestros estudiantes “miren como se aman”, si podríamos decir de nuestra comunidad educativa que nos mantenemos unidos y poniendo cada uno lo suyo en común…

Seguramente, construir nuestra propia comunidad educativa como “alma encarnada” nos requiere una permanente conversión, especialmente en el tejer momento por momento vínculos realmente fraternos con los más cercanos. Parafraseando al Himno a la Caridad de San Pablo, podremos tener los mejores laboratorios y los equipamientos informáticos más avanzados, los mejores resultados en PISA y los mejores proyectos en Feria de Ciencias, pero si no pueden decir de nosotros “miren como se aman”, tal vez seamos sólo campanas que resuenan (I Cor 13,1)…

Junto a esta dimensión más “interior” de nuestras comunidades, hay una segunda dimensión más amplia que quisiera abordar, la que tiene que ver con el “cambiar la sociedad, preferir a los pobres, evangelizar a las personas y la cultura” que planteaba el Padre Aguado. Esta dimensión requiere plantearnos cuáles son los alcances de nuestra comunidad, y qué tipo de vínculos queremos construir con nuestro entorno.

El documento preparatorio al Congreso Mundial de Educación organizado por el Vaticano en 2015 (CEC, 2014) [2] incluyó una consulta abierta que fue respondida por miles de instituciones educativas católicas. Del análisis de ese informe, presentado en el Congreso Mundial[3], surgen dos imágenes de cómo se ven a sí mismas las comunidades educativas católicas: una minoría se identifica como una fortaleza, una suerte de castillo o abadía medieval que preserva dentro de sus muros la verdad contra los embates del mundo secularizado. La mayoría, en cambio, se identifica más bien con la imagen de una fuente que puede ofrecer “agua viva” en forma abierta a todos los que quieran acercarse.

En ese sentido, el documento conclusivo del Congreso señalaba:

“… la misión constituye la expresión dinámica y fecunda de la identidad, ya que – como la parábola de los talentos sugiere- la identidad no es un tesoro que hay que guardar escondiéndolo celosamente en un lugar seguro, sino que es un patrimonio que hay que “invertir” y poner a disposición como un don, para que dé fruto.”[4]

Me parece evidente que esta visión de nuestra misión e identidad como escuela católica está estrechamente ligada a la misión e identidad evangelizadora de la Iglesia en estos tiempos en que el Papa Francisco nos llama a ser una “Iglesia en salida” hacia las “periferias existenciales”:

“La Iglesia debe salir de sí misma. ¿Adónde? Hacia las periferias existenciales, cualesquiera que sean. Pero salir. Jesús nos dice: «Vayan por todo el mundo Vayan. Prediquen. Den testimonio del Evangelio» (cf. Mc 16, 15). Prefiero mil veces una Iglesia accidentada, que una Iglesia enferma por encerrarse.(Papa Francisco, Vigilia de Pentecostés 2013)[5]

Quisiera recordar cómo el entonces Cardenal Bergoglio definía –durante el Cónclave en el que fue electo Papa- el significado de estas “periferias”:

La Iglesia está llamada a salir de sí misma e ir hacia las periferias, no sólo las geográficas, sino también las periferias existenciales: las del misterio del pecado, las del dolor, las de la injusticia, las de la ignorancia y prescindencia religiosa, las del pensamiento, las de toda miseria.[6]

Creo que este llamado a ser “Iglesia en salida” nos interpela no sólo personalmente sino también como comunidades. En general, cuando los educadores hablamos de “comunidad educativa”, normalmente en lo primero que pensamos es en ese núcleo básico formado por los estudiantes, sus familias y el personal docente y no docente, estirando un poquito tal vez incluimos a los exalumnos, a algunos benefactores… Pero la realidad es que no siempre consideramos que el territorio, la comunidad que nos rodea, puede ser también parte de nuestra comunidad educativa, porque es el lugar donde viven nuestros estudiantes, porque puede ser nuestro campo de evangelización y también, como veremos más adelante, porque puede ser una extensión de las aulas como espacio de aprendizaje.

En términos auténticamente “católicos” en el sentido de universales, construir la comunidad educativa es construir la comunidad con todos nuestros hermanos, con los que tenemos más cerca, con los que tenemos alrededor y también con aquellos que están tal vez más lejos de nosotros en geografía o en pensamiento.

Cuando el Papa Francisco habló a los educadores en Quito de alguna manera nos explicitó qué implica ser una comunidad educativa “en salida”, cuando nos preguntaba

¿Velan por sus alumnos, ayudándolos a desarrollar un espíritu crítico, un espíritu libre, capaz de cuidar el mundo de hoy? ¿Un espíritu que sea capaz de buscar nuevas respuestas a los múltiples desafíos que la sociedad hoy plantea a la humanidad? ¿Son capaces de estimularlos a no desentenderse de la realidad que los circunda?

Para eso hay que sacarlos del aula, su mente tiene que salir del aula, su corazón tiene que salir del aula.

¿Cómo entra en la currícula o en las distintas áreas del quehacer educativo, la vida que nos rodea, con sus preguntas, sus interrogantes, sus cuestionamientos?[7]

Pareciera que el Papa nos está planteando una paradoja: por un lado, parece que nos está diciendo que para ser una buena escuela tenemos salir de la escuela, y al mismo tiempo, nos está diciendo que la realidad de la comunidad tiene que entrar en nuestro currículo y nuestro quehacer educativo. Me parece que es en esta dinámica de diálogo entre lo que sucede dentro y fuera de la escuela, es en este diálogo solidario que se hace realidad el nuevo paradigma de “escuela en salida”.

Justamente la propuesta del aprendizaje-servicio apunta a generar un “círculo virtuoso” por el cual los saberes desarrollados en las aulas son puestos al servicio de la transformación de la realidad que nos circunda, y el contacto con la realidad y con nuestros hermanos interpela las teorías y los saberes académicos, y motivan a nuestros estudiantes a querer saber más y nos lleva a los educadores a revisar la pertinencia y relevancia de nuestros currículos, y tal vez a investigar junto con nuestros estudiantes para ser capaces de resolver problemas complejos en nuestra comunidad.

Volviendo entonces a lo que decía el Padre Aguado en el Congreso Mundial de Educación del Vaticano, por un lado queremos “crear una comunidad cristiana referencial”, un “alma encarnada”, un “proyecto enriquecido por el carisma”. Por el otro, estamos llamados a “cambiar la sociedad, preferir a los pobres, evangelizar a las personas y la cultura”. En otras palabras: para nosotros evangelizar y cambiar el mundo debería ser siempre lo mismo, debería ser la forma de encarnar nuestra identidad como comunidad educativa.

Veremos a continuación cómo se relaciona esta llamada a ser “comunidades educativas en salida” con lo que nuestro siglo le está pidiendo a la escuela hoy.

 


[1] https://youtu.be/TIkseYwasGo

[2] Instrumentum Laboris, http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/ccatheduc/documents/rc_con_ccatheduc_doc_20140407_educare-oggi-e-domani_it.html#a)_La_sfida_dell%E2%80%99identit%C3%A0

[3] Presentación del Prof. Italo Fiorin, Universidad LUMSA de Roma, en el Aula Pablo VI del Vaticano, Congreso Mundial de Educación, 18 de noviembre de 2015.

[4]http://es.radiovaticana.va/news/2015/11/21/no_se_puede_hablar_de_educaci%C3%B3n_cat%C3%B3lica,_sin_hablar_de_hum/1188557

[5] http://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2013/may/documents/papa-francesco_20130518_veglia-pentecoste.html

[6] https://w2.vatican.va/content/francesco/es/messages/pont-messages/2014/documents/papa-francesco_20140823_messaggio-meeting-amicizia-popoli.html

[7] http://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2015/july/documents/papa-francesco_20150707_ecuador-scuola-universita.html