“Nos enfadamos cuando hay un ataque terrorista, cuando hay inundaciones o hambrunas, pero no nos enfadamos porque la educación no prepare a los niños para hagan del mundo un lugar mejor. Tenemos que enfadarnos más”.

Kiram Bir Sheti

Uno de los movimientos educativos contemporáneos más apasionantes y eficaces que podemos encontrar es, sin duda, Design for Change (DFC).

DFC es apasionante porque se ha expandido como espuma por 72 naciones, porque valora la capacidad que hay en cada niño para empezar a cambiar su entorno hora mismo, porque los adultos hablan menos y escuchan más, porque la voz de los niños se escucha no solamente para responder lo que han memorizado, porque los estudiantes dicen “yo inventé esto” en lugar de “la profe me dijo que lo hiciera así”, porque los pasos de su metodología son simples, versátiles y compatibles con otras metodologías o principios, como es el caso de las Claves de Identidad de la Escuela Calasancia.

Pero un movimiento apasionante sin eficacia es una “llamarada de petate”, es decir, un fuego muy vistoso, casi explosivo, que en poco tiempo se extingue. Por el contrario, Design for Change es un movimiento eficaz.

DFC es eficaz porque provoca cambios desde la raíz de cada situación, porque funciona por medio de un marco simple y operativo, porque está demostrado en los resultados académicos de Riverside School de Ahmedabad (cuna de este movimiento), porque el currículo esta centrado en el alumno y no en textos con información caduca, porque los estudiantes adquieren competencias en el mundo real, porque diseñadores en edad promedio de 11 años han sido capaces de realizar proyectos de emprendimiento social como estos:

Ayuda a indigentes para conseguir trabajo, un avión sembrador de semillas construido con materiales reciclados, planes que han contrarrestado el abandono escolar, el rescate de una compañera obligada al matrimonio forzoso, integración de inmigrantes en escuelas, elaboración de jabones biodegradables, sustitución de plásticos, protección de la flora autóctona en diferentes regiones, construcción de puentes de bambú para garantizar el acceso a la escuela, una aplicación digital para orientar el tratamiento de la basura, nuevos parques para juego y deporte en diferentes ciudades, transformación de espacios públicos que ahora garantizan la seguridad… Y así podemos seguir con una lista interminable a la que podríamos sumar lo que tú estás imaginando en este mismo instante.

Tendemos a identificar los movimientos educativos con una persona, un autor o fundador. DFC no es la excepción, pero, seguramente, Kiram Bir Sheti estará de acuerdo en que una de las principales razones por las que este movimiento es apasionante y eficaz es ese fabuloso equipo que lo impulsa.

Más de alguna vez he hablado con entusiasmo acerca de Kiram pero, desde ahora, me expreso del mismo modo cuando hablo de Dominique Florisca, Asma Hussain, Nikita Desai, Pranay Desay y, por supuesto, de nuestra gran amiga Mónica Cantón de Celis.

Es un equipo que mueve la educación a niveles internacionales y provoca cambios en el mundo con pasión y eficacia.

Finalmente, para ilustrar esta sencilla reflexión e invitación, quiero citar algo que escuché hace unos días en Venezuela.

Fue en ese país donde es inevitable hablar diariamente acerca de “la situación”, porque realmente las cosas son extremadamente difíciles ahí. Me sorprendió el valor de ese joven escolapio venezolano, comprometido con el cambio a través de la educación, que se expresó de este modo: “Yo agradezco la situación que estamos viviendo porque nos ha puesto creativos, activos y solidarios”.

www.dfcworld.com

Francisco Anaya Walker, Sch. P.