Tere Corres, coordinadora Educación y voluntariado

Del 25 de julio al 20 de agosto realizamos nuestro curso de verano en el Centro Social Calasanz. El objetivo fue la regularización en asignaturas como literatura y ciencias exactas, integrando además otros talleres.

Se atendieron a 70 niños de primaria y 20 adolescentes de secundaria que fueron asesorados por 23 voluntarios.

Iniciamos con una evaluación diagnóstica de la Secretaría de Educación Pública, encontrándonos con calificaciones cuya media fue por debajo del 5.

Con los más pequeños, quienes están por entrar a primaria, se inició con temas básicos de español y pensamiento matemático, así como clases de Karate Do, dirigidos por las maestras Madeline Hernández, prestadora de servicio social y Susana Gutiérrez, voluntario adulto, respectivamente.

Para los niños de primaria menor se continuó con el trabajo de lecto-escritura y matemáticas, involucrando además manualidades para trabajar la motricidad fina. Estos programas fueron dirigidos por Araceli González, Cecilia Oliveros, miembros de la fraternidad y Rebeca Neri, coordinadora del Centro.

En primaria mayor y 1° de secundaria también se retomaron temas de español y matemáticas, según el nivel de cada grupo, y se incluyeron oficios de cocina y maquillaje, así como deportes. Dirigidos por Mary Ortiz, prestadora de servicio social, Madian Lagunes, Jocelyn Neri, Marco Reyes, Frandia León y Cristopher Rivera, todos ellos voluntarios universitarios.

Y finalmente, con nuestros jóvenes de 2° y 3° de secundaria, se trabajó literatura, álgebra, física, química, clases de Tae Kwon Do y talleres de orientación vocacional y sexualidad. Impartidos por Marco Reyes, Litzy González, Carmen Zamudio, David Tejeda, voluntarios universitarios; Arturo León, prestador de servicio social, Xavier Cevallos, catedrático universitario voluntario,  y Tere Corres, responsable de los programas educativos del Centro Social.

Culminando cada semana con actividades sabatinas de medio ambiente, talleres de oración, y artísticas, impartidas por Blanca Fernández y Mary Sánchez, miembros de la fraternidad y voluntarias frecuentes, Juana Contreras, Rafaela Flores, Miranda Martínez (voluntaria de 8 años de edad) y Fernanda Aguirre, mamá de Miranda y voluntaria adulta.

Concluidas las actividades de verano, se identificaron avances significativos en los aprendizajes:

Los más pequeños han iniciado su proceso de lecto-escritura y pensamiento matemático, los de en medio logran expresar sus conocimientos a partir de representaciones o juegos y los más grandes empiezan a identificar su vocación gracias a las clases de materias que aún cuando las llevan en sus escuelas formales, no son impartidas con la misma pasión y preparación como la de nuestros voluntarios.

Los voluntarios y los niños además de los aprendizajes académicos, descubrieron cosas muy interesantes, ya que en el verano el CSC se convierte en un espacio de encuentro y amor entre los niños, jóvenes, mamás, voluntarios y el equipo de trabajo. Esto no es algo planeado en las sesiones de clases, no es algo que se espere antes de iniciar, simplemente sucede.

Algunos de nuestros adolescentes, aunque las asignaturas vistas en el verano, ya las tomaban en sus escuelas formales, por primera vez les dieron verdadera importancia, porque fueron impartidas totalmente diferente. E incluso algunos han encontrado cierta afinidad por ellas, pensando en algún momento estudiar una carrera profesional vinculadas a la misma.

Los maestros van con la única intención de enseñar y resulta que son ellos los que más aprenden de nuestros niños. Aprenden que el amor puede nacer y crecer en unas semanas. Entienden que la educación impartida con pasión es la que logra los resultados esperados en los alumnos. Experimentan que no importa la profesión que tengan, en ese lugar todos se vuelven maestros escolapios que a través de las letras y el conocimiento están acompañando y cambiándole la vida a un pequeño.

Y así, una vez más, reafirmamos que el CSC está lleno de magia. Que los milagros ocurren todos los días en lo cotidiano, que San José de Calasanz está presente en cada persona que se permite encontrarlo con esta comunidad.

La Piedad y las Letras fueron verdadera presencia escolapia durante el curso de verano 2022 del Centro Social Calasanz.