P. Mateusz Pindelski Sch. Provincial de las Escuelas Pías de Polonia

La manera de entender nuestro ministerio por parte del 48º Capítulo General cierra una etapa que en la Provincia de Polonia abraza los últimos ochenta años.

Estoy escribiendo esta reflexión visitando los Escolapios en Bielorrusia y celebrando con ellos la Ascensión del Señor. Me fijo en el último versículo del Evangelio según Marcos donde se dice que Jesucristo colaboró con sus discípulos. Aunque esta “sinergia” aparece accidentalmente en el documento capitular la considero una palabra clave que nos permite cerrar el largo debate sobre la relación entre varias plataformas de nuestro ministerio y abrir un capítulo nuevo: de la sinergia precisamente.

Voy leyendo el documento del último Capítulo General sincrónicamente con los cambios introducidos en el apartado de nuestras Reglas sobre el ministerio y mi pensamiento se abre a la realidad ministerial que hemos vivido en Polonia desde el fin de la segunda guerra mundial.

Eliminada le enseñanza católica, el régimen comunista en pocos años ha echado de los colegios públicos cualquier tipo de formación religiosa y ha impuesto una violenta indoctrinación ateísta.

Los Escolapios que intentaban reconstruir la Provincia se han encontrado con la prohibición de llevar los colegios y han decidido tomar las parroquias en distintas partes de Polonia sujeta a fuertes migraciones. Durante los siguientes 30 años estas parroquias han sido lugares de la educación cristiana organizada en un sistema paralelo a la educación formal: con sus clases, registros, certificados y supervisión institucional. Siendo la catequesis nuestro primer ministerio los Escolapios seguían trabajando en conformidad con su carisma, aunque nunca se han olvidado del sueño de retomar el ministerio especifico.

Este sueño se ha comenzado a realizar a partir de los años 90. Los fundadores de los 8 colegios no tenían una tradición educativa para imitar por tanto programando la pastoral escolar han creativamente adaptado las experiencias pastorales de sus parroquias. La coexistencia de las dos plataformas ha abierto de nuevo el debate: parroquias o colegios y la diferencia del estilo de vida de las comunidades encargadas de obras diferentes ha provocado una cierta tensión.

El 48º Capítulo General, centrado en la persona de Jesucristo, resuelve nuestro dilema destacando la integralidad de la educación al servicio del pleno desarrollo del educando. Y la integralidad de la educación evangelizadora implica necesariamente la sinergia entre varias plataformas y procesos como la innovación educativa, el Movimiento Calasanz o la Sinodalidad, que se presentan complementarias y que se fortalecen mutuamente.

Como suele pasar en la Iglesia de Dios esta aclaración institucional nos llega en el momento más apropiado cuando estamos asistiendo a una laicización extremamente rápida de la entera generación de niños, adolescentes y jóvenes que exige una nueva forma de la evangelización por medio de la educación. El Capítulo General nos la ofrece destacando la importancia de una comunidad cristiana en cada presencia escolapia. Efectivamente, el primer desafío que tenemos consiste en recrear las relaciones personales y sociales a nivel de comunicativo, emotivo y espiritual. La comunidad creyente se vuelve un entorno propicio para que los jóvenes lleguen a un amor maduro y vivan en un matrimonio sacramental, fiel e indisoluble. Así pueden nacer familias que serán referencia para todas personas y situaciones que en el hodierno “hospital de campaña” necesitan curación, apoyo y orientación.

La sinergia entre varias plataformas de nuestro ministerio en la presencia escolapia favorece esta comunidad. El colegio se vuelve una puerta de entrada a la Comunidad para los alejados de la Iglesia y crea sinergias con la parroquia la cual por su naturaleza es un espacio para vivir en plenitud la gracia sacramental.