Comunidad Cristiana Escolapia en Vitoria

Juan Carlos de la Riva.

¿Qué entiendes por CCE?

La Orden ya ha dado en varias ocasiones la definición “oficial” de CCE, por lo que remito a dichos párrafos. Sin embargo, me parece importante hacerle algún subrayado. El primero es el de las personas: siempre son lo más importante en nuestras presencias. A veces corremos el peligro de dejarlas a un lado, y priorizar los proyectos, sean reales o sean planes de futuro. Nos entra una necesidad de productividad y de crecimiento que puede estresarnos y hacernos perder el rumbo. Lo importante en una presencia siempre deben de ser las personas. Y entenderlas como buscadas por Jesús y acompañadas por Jesús, como seguidores. Los que animamos las presencias debemos estar pendientes y presentes en los momentos vitales de cada persona, acompañando e iluminando. Nunca las personas estarán al servicio del proyecto, sino al revés. Y cuidaremos especialmente su sentirse seguidores/as de Jesús. También nosotros, animadores, seremos uno más, en ese caminar tras Jesús.

Otro subrayado que hago sería el del apellido “escolapia”. Hay que creer en que la construcción de comunidad cristiana no es una tarea secundaria en relación al carisma escolapio. Calasanz muy pronto intuye que su misión es imposible sin una comunidad recia y comprometida, valiente y entregada. Por eso dedicará tantos esfuerzos a estructurarla y concretarla en las fórmulas más adecuadas, que tras varios años se decantó como Orden religiosa. Crear comunidad cristiana es también misión escolapia, tanto como educar o evangelizar a los niños y jóvenes.

¿Cómo nace la CCE a la que perteneces?

Nuestra comunidad cristiana escolapia en Vitoria nace muy poquito a poco a partir del trabajo en el Colegio Calasanz de Vitoria. En el origen están algunos religiosos, pocos, y un matrimonio enviado desde Bilbao, que comienza a vivir la experiencia de comunidad conjunta allá por el año 2002. Pronto se unirán un par de personas más para formar el primer núcleo comunitario vinculado a la comunidad San José de Calasanz.

Durante los años siguientes se va trabajando con fuerza la pastoral del colegio, especialmente el Movimiento Calasanz y su catecumenado. Se mueve a muchos jóvenes, aunque sólo unos pocos van decidiendo su proyecto de vida de modo vinculado a la comunidad. Pero el número de hermanos y hermanas de la fraternidad va creciendo, igual que el grupo de profesores vinculados al equipo de Misión Compartida. Hubo durante este tiempo otro envío de matrimonio desde Bilbao.

El crecimiento lento pero firme a nivel comunitario da paso también a otras experiencias de trabajo solidario: proyecto Aukera de piso de acogida para seis jóvenes migrantes, proyecto de Ojalá para la alfabetización de esa misma población, grupo de adultos del Movimiento Calasanz, proyecto Errotazarra para la empleabilidad de personas con discapacidad intelectual… Poca gente pero con un importante grado de desarrollo en el compromiso social, que a su vez ha ido generando un importante número de voluntarios/as.

¿Cómo es, grupos que hay, cómo funciona?

Hoy en día somos dos pequeñas comunidades de la fraternidad, con 20 participantes, un equipo de misión compartida, con 9 participantes, un grupo de discernimiento, con 6 participantes, un catecumenado juvenil con unos 35-40 jóvenes, y un amplio número de voluntarios para los diferentes proyectos de Itaka-Escolapios.

Recientemente hemos asumido una parroquia colindante, con una vida parroquial numéricamente escasa, pero que nos ofrece mayores posibilidades de vivencia celebrativa, de presencia en el barrio y de acompañamiento a una comunidad de personas mayores, y a otro grupo de tiempo libre, Su Alai.

Hay varios equipos de trabajo que consideramos estratégicos para el seguimiento y acompañamiento de personas y proyectos. El más importante es el equipo de presencia, que nos ayuda a tener una visión global y a sentirnos pastores de todas las personas y trabajos. Funcionamos con planificación estratégica a cuatro años vista, y con planes anuales. Se hace seguimiento de la vida de la fraternidad con la presencia en el equipo de los dos animadores. También del colegio con la presencia del titular, de Itaka-Escolapios con la presencia del coordinador de sede, y de toda la pastoral, con la presencia de todos los ministros de pastoral de la presencia. Últimamente se ha dinamizado desde aquí la reflexión de toda la CCE para la elaboración del Proyecto Pastoral que aúna a la Parroquia Espíritu Santo, a la Fundación Itaka-Escolapios y al Colegio Calasanz en un único proyecto evangelizador.

Para la atención más pastoral se constituyó hace tiempo el equipo de ministros de pastoral, donde atendemos las acciones evangelizadoras que van más allá de la pastoral escolar (que tiene su equipo propio vinculado al colegio): hablamos entonces del ámbito celebrativo, de temas estratégicos del Movimiento Calasanz, la parroquia y la pastoral del colegio, de convocatorias a grupos y personas, de vinculación con la diócesis y la provincia de Emaús, de pastoral vocacional, etc.

Por último, otro equipo importante es el equipo de Sede de Itaka-Escolapios por la vinculación que establece para la CCE con las personas más necesitadas de ayuda y acompañamiento, con toda la riqueza que eso supone.

Qué significatividad tiene en el proyecto pastoral de la presencia.

Como se ha podido ya deducir de las líneas anteriores, la CCE es el alma de toda la labor evangelizadora.

Qué propones para que la cce se consolide y sea el alma de la misión escolapia. ¿Qué dificultades tienes?

Creo que estamos ya trabajando en una buena dirección y que se trata de impulsar todo lo que ya se mueve. Es importante que la experiencia espiritual de seguir a Jesús se vea alimentada por acciones y propuestas, y acompañada en el diálogo fraterno, para que sea ese seguimiento el que dinamice todo lo demás. Como diría el papa Francisco, no somos una ONG.

Las dificultades mayores nos vienen de un ambiente muy secularizado especialmente entre la gente joven, pero también en las familias del colegio y en la ciudad. Existen fuertes prejuicios contra la Iglesia y contra la vivencia de la fe que condicionan mucho la aceptación en libertad de la propuesta cristiana. Nuestras plataformas pastorales son ambientes donde se cuida especialmente la acogida de todo el mundo, esté donde esté a nivel de fe, y se hace con ellos un camino de acompañamiento y descubrimiento que necesita tiempo y paciencia, y que no queremos violentar con actitudes de imposición o exclusión. La fraternidad se hace presente en estos espacios (movimiento Calasanz, plataformas de voluntariado…) como fermento en la masa, cuidando los momentos de encuentro y acompañando a todas las personas.