Introducción

Doy la bienvenida a los distinguidos rectores, profesores y participantes en la Conferencia Internacional «Líneas de Desarrollo del Pacto Mundial por la Educación». Agradezco al Cardenal Versaldi sus palabras de presentación. Es un final «a toda orquesta», porque ahora los dicasterios se fusionarán. Gracias, gracias por este final a toda orquesta.

Me alegro de que la propuesta lanzada en 2019 de un Pacto Mundial por la Educación esté recogiendo la atención de muchos sectores, y que las universidades también colaboren. Lo hacen a través de estudios en profundidad sobre diversos temas, como la dignidad de la persona y los derechos humanos, la fraternidad y la cooperación, la tecnología y la ecología integral, la paz y la ciudadanía, las culturas y las religiones. Esta Conferencia suya es el momento de evaluar el trabajo realizado hasta ahora y de planificar el desarrollo del Pacto Educativo para los próximos años. Debe progresar y avanzar, no permanecer cerrado.

Aprender a vivir la crisis y ayudar a otros aprender a vivir la crisis

Hace poco me reuní con los rectores de las universidades del Lacio. Con ellos recordé cómo en estos tiempos debemos aprender con los jóvenes estudiantes de nuestras universidades a vivir la crisis y superarla juntos. Aprender nosotros y ayudar a otros a aprender a vivir las crisis, porque las crisis son una oportunidad para crecer. Hay que gestionar las crisis y evitar que se conviertan en conflictos. Las crisis te empujan hacia arriba, te hacen crecer; el conflicto te cierra, es una alternativa, una alternativa sin solución. Informarse sobre la crisis: esto es muy importante. De este modo, ella -la crisis- puede convertirse en un kairós, un momento oportuno que provoque tomar nuevos caminos.

Cómo enfrentar una crisis: el modelo de Eneas

Un modelo emblemático de cómo afrontar la crisis nos lo ofrece la figura mitológica de Eneas, quien, en medio de las llamas de la ciudad incendiada, carga sobre sus hombros a su anciano padre Anquises y lleva de la mano a su joven hijo Ascanio, poniéndolos a ambos a salvo. Esto es hermoso: » …et sublato patre montem petivi» [«cesa, et sublato montem parent petivi» (Eneida, II, 804)]. Así se supera una crisis. Eneas no se salva solo, sino con el padre que representa su historia y con el hijo que es su futuro. Y así continúa.

Esta figura puede ser significativa para la misión de los educadores, que están llamados a custodiar el pasado -el padre sobre sus hombros- y a acompañar los jóvenes pasos del futuro. También nos permite recordar algunos principios fundamentales del pacto educativo global.

Algunos principios fundamentales: la centralidad de la persona

En primer lugar, la centralidad de la persona. Al dejar Troya, Eneas no lleva consigo bienes, cosas -aparte de los ídolos de Penates-, sino sólo a su padre y a su hijo. Las raíces y el futuro, las promesas. Esto nos recuerda que en cualquier proceso educativo debemos poner siempre a las personas en el centro y apuntar a lo esencial, todo lo demás es secundario. Pero nunca dejes atrás las raíces y la esperanza del futuro.

Algunos principios fundamentales: invertir las mejores energías con creatividad y responsabilidad

Otro elemento clave es invertir las mejores energías con creatividad y responsabilidad. El anciano Anchises representa la tradición, que debe ser respetada y preservada. Me acuerdo de lo que dijo Gustav Mahler sobre la tradición: «La tradición es la garantía del futuro», no una pieza de museo. Ascanio representa el mañana que hay que garantizar; Eneas es el que hace de «puente», el que asegura el paso y la relación entre generaciones. La educación, en efecto, está siempre enraizada en un pasado, pero no se detiene ahí: apunta a «una proyectualidad a largo plazo», donde lo viejo y lo nuevo se unen en la composición de un nuevo humanismo. Y en contra de esto, está la moda -en todos los siglos, pero en este siglo en la vida de la Iglesia la veo peligrosa- de que en lugar de partir de las raíces para ir hacia adelante -ese sentido de las bellas tradiciones- hay un «indietrismo», no «por abajo y por arriba», sino hacia atrás. Ese indietrismo que nos convierte en una secta, que te cierra, que te quita horizontes: se llaman a sí mismos custodios de tradiciones, pero de tradiciones muertas. La verdadera tradición católica, cristiana y humana es lo que aquel teólogo [San Vicente de Lerins] -siglo V- describió como un crecimiento continuo, es decir, a lo largo de la historia la tradición crece, avanza: «ut annis consolidetur, dilatetur tempore, sublimetur aetate». La verdadera tradición es ésta, que es continuada por sus hijos.

Algunos principios fundamentales: educar en el servicio

Tampoco hay que olvidar que es fundamental educar en el servicio. Anquises y Ascanio, además de representar la tradición y el futuro, son también símbolos de los frágiles segmentos de la sociedad que deben ser defendidos, rechazando la tentación del descarte, de la marginación. La cultura del descarte nos quiere hacer creer que cuando algo ya no funciona bien hay que tirarlo y cambiarlo. Así se hace con los bienes de consumo y, por desgracia, esto se ha convertido en una mentalidad y acabamos haciéndolo también con las personas. Por ejemplo, si un matrimonio ya no funciona, lo cambias; si una amistad ya no es buena, la cortas; si un anciano ya no es autónomo, lo descartas… En cambio, la fragilidad es sinónimo de preciosidad: los ancianos y los jóvenes son como jarrones delicados que hay que custodiar con cuidado. Ambos son frágiles.

Usuarios y consumidores

Queridos amigos, en estos tiempos nuestros, en los que el tecnicismo y el consumismo tienden a convertirnos en usuarios y consumidores, la crisis puede convertirse en un momento propicio para evangelizar de nuevo el sentido del hombre, de la vida, del mundo; para recuperar la centralidad de la persona como criatura que en Cristo es imagen y semejanza del Creador. Esta es la gran verdad de la que somos portadores y que tenemos el deber de testimoniar y transmitir también en nuestras instituciones educativas. «No podemos callar a las nuevas generaciones las verdades que dan sentido a la vida»[3]. Silenciar las verdades sobre Dios por respeto a los que no creen, sería, en el ámbito de la educación, como quemar libros por respeto a los que no piensan, borrar obras de arte por respeto a los que no ven, o música por respeto a los que no oyen. Gracias.

Gracias por vuestro trabajo al servicio de la educación, que es también la contribución específica que hacéis al proceso sinodal de la Iglesia. Avanza en esta línea del pasado hacia el futuro, de crecimiento continuo. Niños y ancianos, todos por delante. Y cuidado con el «indietrismo», que es la moda de hoy, que nos hace creer que ir hacia atrás preserva el humanismo. Os animo a seguir adelante y os acompaño con mi bendición. Y, por favor, no olvides rezar por mí. Gracias.