Centro de Atención Integral Calasanz Maracaibo: Educar para incluir.
Richard Nava. Coordinador Fundación Itaka-Escolapios. Maracaibo- Venezuela.
En el corazón de la propuesta educativa de San José de Calasanz late una convicción que ha atravesado siglos: la educación es el medio más digno, más noble y necesario para transformar la sociedad. Sin embargo, en el contexto actual, especialmente en realidades tan desafiantes como la de Venezuela, nos hemos encontramos con realidades crudas en las que la educación especializada en niños, niñas y adolescentes neurodivergentes, no está al alcance de las familias de condición socioeconómica popular.
En atención a esta necesidad, nace y se consolida el Centro de Atención Integral (CAI) Calasanz – Sede Maracaibo, una experiencia de educación no-formal y apoyo terapéutico que hoy se erige como un faro de esperanza, inclusión y justicia social en la ciudad de Maracaibo.
El CAI Calasanz no es simplemente un centro de consultas; es la traducción contemporánea del lema calasancio. Hoy, la «Piedad» se manifiesta en el acompañamiento compasivo a las familias, y las «Letras» encuentran su cauce a través de herramientas psicopedagógicas que permiten a los niños superar las barreras que les impiden aprender.
Nuestros objetivos son claros y ambiciosos. Buscamos garantizar la inclusión educativa real. No basta con que un niño esté sentado en un pupitre; es necesario que cuente con las herramientas terapéuticas para procesar la información, especialmente aquellos que enfrentan desafíos de aprendizaje o necesidades especiales.
Pero el CAI va más allá del aula. Entendemos que el niño es parte de un ecosistema, por lo que la Orientación Familiar es un pilar fundamental. Acompañamos a padres y representantes en el complejo proceso de comprender un diagnóstico, transformando la angustia inicial en una estrategia de crianza efectiva y amorosa. Todo esto, bajo un marco de Accesibilidad y Justicia Social, ofreciendo servicios profesionales a costos sociales que permiten que los sectores más vulnerables de Maracaibo no queden excluidos del derecho a la salud mental y el desarrollo cognitivo.
La génesis del CAI en Maracaibo es lo que nos gusta llamar «el contexto del milagro». Venezuela ha atravesado una crisis socioeconómica sin precedentes que ha golpeado con especial dureza la estabilidad emocional y el desarrollo de la infancia. Condiciones como el TDAH, los trastornos del espectro autista (TEA) o los retrasos madurativos se convirtieron en «sentencias» de deserción escolar para muchas familias que, ante la imposibilidad de costear servicios privados, veían cómo sus hijos se quedaban atrás.
Inspirados por la misión de Itaka-Escolapios de atender a los más pobres y vulnerables, la presencia escolapia en Maracaibo decidió que no podíamos ser testigos mudos de esta realidad. Lo que comenzó como un servicio de emergencia y asistencia puntual, ha evolucionado —gracias al apoyo de la Orden y la Fraternidad— en un programa institucionalizado con una estructura pedagógica y clínica robusta. Hemos pasado del «asistencialismo» a la «construcción de capacidades», creando un modelo de gestión que asegura calidad profesional en un entorno de fe.
¿Qué hace al CAI Calasanz una experiencia distinta? Su metodología de Acompañamiento Personalizado. En nuestros espacios, cada beneficiario es una historia sagrada.
El proceso no termina en el diagnóstico. El equipo terapéutico del CAI establece un puente directo con las instituciones escolares. No evaluamos al niño de forma aislada; nos comunicamos con sus docentes para que los objetivos de la terapia se reflejen en el desempeño del aula. Esta sinergia es vital para que la inclusión sea efectiva y no solo nominal.
Contamos con un equipo de especialistas en Psicopedagogía, Terapia ABA y Terapia de Lenguaje, en la actualidad, y bajo el marco del Plan Ejecutivo 2025-2026, estamos dando pasos firmes hacia la optimización administrativa. La digitalización de procesos y la unificación de criterios de identidad con la Coordinación Sede de Itaka Escolapios, no son solo tareas técnicas; son actos de responsabilidad institucional para asegurar que el CAI sea sostenible y pueda ampliar su alcance. Queremos que el CAI sea la expresión de unas «Escuelas Pías a pleno tiempo», donde el servicio no se detiene.
Actualmente el centro atiende a 28 niños, con edades desde los 6 años, e incluso mayores de edad, no obstante, el impacto del CAI no se mide únicamente en estadísticas de atención, sino en la recuperación de la alegría. Cuando una madre nos dice: «Aquí aprendimos que su forma de aprender es distinta, no incorrecta», entendemos que hemos cumplido nuestra misión. Ese cambio de perspectiva es el que salva vidas y reconstruye futuros.
Para muchos niños, el CAI ha sido el puente para volver a sonreír en el colegio. Al ser vistos y valorados desde su singularidad y no desde sus limitaciones, los beneficiarios desarrollan una autoestima que es la base de cualquier éxito académico posterior. Institucionalmente, el centro ha demostrado que es posible ofrecer con un enfoque profundamente humano y social.
El Centro de Atención Integral Calasanz de Maracaibo es un testimonio vivo de que el carisma escolapio está más vigente que nunca. En un mundo que a menudo margina a quienes procesan la realidad de forma diferente, nosotros elegimos el camino de la acogida y la especialización. Cuidar el desarrollo integral de nuestros niños es asegurar que la semilla de la educación caiga en tierra fértil. El CAI es, en definitiva, nuestra forma de decir que, en las Escuelas Pías de Maracaibo, nadie se queda atrás. Sigamos extendiendo raíces para que todos nuestros niños puedan dar sus mejores frutos.



