La escuela, un espacio para la conversión ecológica

Jomar Jesús Pérez Márquez

Escuela Nuestra Señora de Coromoto. Maracaibo (Venezuela)

 

 

 

La irrupción masiva de la tecnología ha desvelado la crisis de los sistemas educativos actuales. La educación ha dejado de ser creativa, reflexiva y transformadora; no responde a las exigencias del contexto y a las necesidades de los alumnos. Los documentos de la Iglesia señalan la existencia de un reduccionismo antropológico que margina al hombre y a Dios del hecho educativo que tiene como consecuencia de una gestión ambiental cruel, desmedida e insostenible. La llamada “educación ambiental” es ambigua y responde más a los intereses de las grandes empresas y consorcios que a la protección de la sociedad. El Papa Francisco ha insistido en la conversión ecológica como eje transformador del Pacto Educativo Global. Se propone la ecología integral como parte de un currículo ecosocial, asociado a la educación en la fe, comités de desarrollo sustentable, salas situacionales, alianza con instituciones y ONGs, para potenciar la conciencia ecológica y preservar la “casa común”.  

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Los avances tecnológicos y sociales nos revelan que la pedagogía tradicional está desgastada, sin posibilidad de brindar herramientas útiles para resolver problemas actuales. La manera de educar vigente agoniza, tratando de sobrevivir como un dogma en una realidad que se empeña en cambiar aceleradamente.

Existe una crisis educativa global que impacta en todos los aspectos de la vida de las personas. Los sistemas actuales están dejando de responder a las necesidades de los niños y jóvenes, ya que muchos fueron copiados de países modelo, ignorando las realidades locales y otros fueron útiles en momentos concretos pero ineficientes actualmente al no adecuarse a las realidades emergentes.

Independientemente del origen, la educación necesita reformarse desde sus cimientos para retomar el carácter humanista (Freire, 1993), que permita colocar al hombre en el centro (P. Francisco, Pacto Educativo Global, 2019), como sujeto activo que vive en fraternidad y que es consecuente con la creación. ¡Hace falta una conversión ecológica! Pero, ¿Cómo se logra esto?

En palabras del Cardenal Peter Turkson, presidente del Pontificio Consejo de Justicia y Paz: “hay que indicar desde el principio la causa de la grave crisis ambiental y social: el pecado; en segundo lugar, para ofrecer el remedio verdadero a la situación creada por el pecado: la conversión” (Chica y Granados, 2015). “Para realizar esta reconciliación con Dios debemos examinar nuestras vidas y reconocer de qué modo ofendemos a la creación con nuestras acciones y nuestra incapacidad de actuar. Debemos hacer la experiencia de un cambio del corazón” (P. Francisco, Laudato Si’, 2015).

Los estudiantes transitan por un sistema desgastado, basado en el reduccionismo antropológico (Aparecida, 2007) y la indiferencia ecológica. Este no incentiva la creatividad y el pensamiento crítico (Chávez, 2011), necesario para reconocer este pecado social y encontrar la conversión. Se ha descuidado la espiritualidad y el humanismo, relegando a Dios a un mero simbolismo, sometiendo al ser humano a la asimilación resignada de un sistema explotador y esclavizante (Freire, 1993) que destruye su ambiente y lo margina a una vida alienada.

La educación ambiental es ambigua y responde más a los intereses de las grandes empresas y consorcios que a la protección de las sociedades. Se educa para la producción de bienes y servicios, pero no para la reflexión sobre su impacto ambiental. Se educa para la supervivencia y para la satisfacción de necesidades individuales inmediatas en menoscabo de la fraternidad y la conservación del planeta.

Las Escuelas Pías no son ajenas a esta realidad. La mayoría de nuestros estudiantes viven en zonas deprimidas socialmente, altamente contaminadas, de escasa planificación, donde la marginalidad y la inseguridad representan la norma. Los maestros escolapios debemos preguntarnos sobre el impacto que hemos tenido en estos entornos: ¿Es la escuela un referente ecológico? ¿Qué se está haciendo actualmente? ¿Cómo hemos contribuido en el mejoramiento del ambiente del barrio? ¿Hemos logrado un cambio en los esquemas mentales de la gente?

Debemos empezar a cambiar nosotros primero, para cambiar luego el entorno. Ya no debe ser ajeno a nosotros llamar al ambiente “La casa común” ni resultarnos extraño llamar “pecado” a la contaminación ambiental. Parece difícil asociar los problemas morales a sus consecuencias ambientales; sin embargo, la Iglesia al respecto nos da algunas luces:

Juan Pablo II en su encíclica Redemptor hominis (1979) advertía: “El ser humano parece no percibir otros significados de su ambiente natural, sino solamente aquellos que sirven a los fines de un uso inmediato y consumo”. Por otra parte, Benedicto XVI señalaba en su carta Caritas in Veritate (2009): “la degradación de la naturaleza está estrechamente unida a la cultura que modela la convivencia humana”.

El Papa Francisco, en su Encíclica Laudato Si’ (2015), reflexiona: “La tierra clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla”.

En el Pacto Educativo Global (2019), Francisco acrisola estas ideas planteando el cuidado de la casa común entre los siete compromisos fundamentales, ya que sólo la educación puede transformar los esquemas mentales viciados que han deteriorado dramáticamente la salud del planeta por medio de prácticas depredadoras.

Es evidente que existe obsolescencia de los sistemas educativos, gestión ambiental ineficiente y divorcio entre fe y ambiente. La educación formal y no formal son responsables de la incorrecta interpretación del papel dominador del hombre sobre la creación:

“Llenen la tierra y sométanla”, se lee en Génesis 1, 28. La interpretación literal ha introducido un sesgo peligroso en la sociedad, ya que comúnmente se suaviza u omite el rol corresponsable del hombre en la preservación de la vida, lo que supone una ruptura con lo creado y con el creador.

Nuestro deber es leer entre líneas que el hombre no sólo tiene el control sobre la creación, sino que adquiere la responsabilidad de su gestión responsable y cuidado; así sanamos esa relación rota. No es un “contrato con letras pequeñas”, es un atributo inherente al individuo que se intuye por sentido común.

Estas distorsiones pueden corregirse con la aplicación del Pacto Educativo Global en nuestros contextos educativos. Es responsabilidad nuestra hacer saber que el hombre no fue creado, sino que está siendo creado. Necesita educarse, complementarse, nutrirse de una visión integradora de la realidad, porque es un ser que ha sido concebido para la “fraternidad creatural” (Ferrara, 2020).

La nueva educación debe inducir una exégesis vivencial del texto bíblico, es decir, crear espacios concretos donde los niños y jóvenes a través de la experiencia, aprendan a hacer un uso responsable de los recursos disponibles, a cuidar y rescatar espacios y a ser promotores comunitarios de la preservación del ambiente local.

Para empezar a lograr esta conversión ecológica se propone aplicar lo siguiente en nuestros centros educativos (Vademécum Pacto Educativo Global):

1.- Partir de un diagnóstico de la realidad ecológica de la comunidad. Crear una unidad curricular obligatoria denominada “ambiente y desarrollo sustentable” (currículo ecosocial) con estrategias pedagógicas de campo que permitan a los niños y jóvenes despertar la conciencia ecológica.

2.- Realizar ajustes curriculares en Educación en la Fe a fin de incluir la ecología como práctica promotora de la fraternidad. El cuidado de la casa común debe ser visto como una práctica humanizadora, una expresión de amor y agradecimiento a Dios por la creación.

3.- Crear un comité de ambiente integrado por estudiantes, docentes, personal obrero y representantes que se reúna periódicamente y que coordine actividades de promoción y concientización ambiental en la escuela y en comunidad como creación de blogs en redes sociales, proyectos de intervención y recuperación de ambientes en la escuela y la comunidad, planes de arborización con especies endémicas, reciclaje, elaboración de productos artesanales para el hogar, producción local de alimentos, charlas sobre prevención de enfermedades asociadas a la contaminación, salidas de campo, manejo de plagas, especies exóticas, entre otras.

4.- Crear una sala situacional permanente que monitoree los avances de las actividades organizadas y el impacto en la comunidad.

5.- Realizar alianzas con empresas, organismos del estado u ONGs para incluir a los niños y jóvenes en actividades ecológicas de mayor impacto en la localidad.

 

Referencias

Aparecida. (2007). Documento conclusivo. Brasil. CELAM. Tercera edición. Página 179. Consultada en enero 10, 2024. Disponible en la página web: https://www.celam.org/aparecida/Espanol.pdf

Chica F. y Granados C. (2015). Loado seas mi Señor. Comentario a la encíclica Laudato si´ del papa Francisco. Madrid: Bac.

Chávez, M. (2011). Reseña de “El Aprendizaje Basado en Problemas”: Una propuesta metodológica en Educación Superior.

Freire, P. (1993). Cartas a quien pretende enseñar. Siglo XXI Editores Argentina S.A. Consultada en enero 10, 2024. Disponible en la página web: https://aprendizaje.mec.edu.py/aprendizaje/system/content/c171493/300%20-%20Ciencias%20sociales/370%20-%20Educacion/pablo%20Freire/Freire%20Cartas%20a%20quien.pdf

Ferrara, P. (2020). “Per una governance mondiale sostenible”, en G. Meazzini, Governance, Dossier, Città Nuova, Roma.

Papa Benedicto XVI. (2009). Encíclica Caritas in veritate. Página 35. Consultada en enero 10, 2024. Disponible en la página web: https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html

Papa Francisco. (2015). Encíclica Laudato Si´ sobre el cuidado de la casa común. Consultada en enero 10, 2024. Disponible en la página web: https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html

Papa Juan Pablo II. (1979). Encíclica Redemptor hominis. Consultada en enero 10, 2024. Disponible en la página web: https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_04031979_redemptor-hominis.html

Vademécum Pacto Educativo Global. Cuidado de la casa común. Consejo para los educadores. Consultado en enero 10, 2024. Disponible en la página web:

https://www.educationglobalcompact.org/resources/Risorse/vademecum-espanol.pdf