El horario de clases en la escuela de Calasanz

Extracto del libro: La formación de la escuela moderna

Prof. Dr. Jorge Eduardo Noro.

Las horas de clase eran seis y era norma común que se aplicaba en todos los colegios y escuelas. El rígido horario escolar se manejaba con el sonido de las campanas (Procuren que se observe puntualmente los tiempos de tocar la campana de la escuela a la mañana): para el inicio, dos campanadas precedían el ejercicio de las escuelas: el primero servía para llamar a los niños e irlos reuniendo en sus respectivas clases bajo la vigilancia del Prefecto, debiendo también bajar los maestros antes que transcurra la media hora acostumbrada entre los dos toques. En ese primer momento los alumnos repasaban y recitaban las lecciones acompañados y controlados por los más aventajados (decuriones) que se encargaban de informar a los maestros responsables. Al segundo toque de campana se daba comienzo a la clase, con las preces que eran de costumbre de la que participaban los maestros y los discípulos, vueltos hacia la imagen religiosa que presidía la clase, descubiertos y de rodillas. Las clases duraban dos horas y media, interrumpiéndose para algún otro tipo de ejercicio, juego y oraciones.[1]

Al concluir la jornada escolar, cada maestro acompañaba a la Iglesia a sus discípulos, que debían ir de dos en dos, con modestia y en silencio. Luego se los enviaba a sus casas, según es costumbre, sin ruido y sin confusión. Los maestros eran encargados de garantizar el regreso, acompañándolos hasta sus domicilios: según es costumbre: serán acompañados a sus casas, para que no se entretengan en jugar por las calles y perder el tiempo) La responsabilidad educativa de las escuelas y de los educadores no concluía en el aula, sino que se prolongaba fuera del encierro, en el trayecto que comunica con cada uno de los domicilios de los escolares[2].

Los escolapios propusieron una práctica pedagógica que se adecuaba en gran medida a los intereses de los forjadores de ciudadanos. Al introducir la educación de los pobres, cambiaron la enseñanza tradicional para lograr retenerlos, organizaron el espacio escolar de forma seriada: cada alumno tenía un puesto fijo en la clase y eso permitió un control individual de cada uno y el trabajo simultáneo de todos. La escuela aplicaba una nueva organización del tiempo de aprendizaje y comenzaba a funcionar como una máquina de enseñar298, pero también de vigilar, de recompensar, de jerarquizar. Se estableció la vigencia de un método universal: establezca en su escuela un orden y una subordinación constante, dividiendo los niños en tres clases, que se distingan por sus progresos, libros que lean y lugar en que estén sentados y nunca por la nobleza y riqueza de sus padres De esta manera el tiempo de la escuela adquirió su propia autonomía y se separaba del tiempo de los adultos, creando una pedagogía del detalle. No se trataba solamente de aprender sino también de modelar comportamientos educando cuerpos obedientes y morales, a través de un riguroso sistema de control.

La escuela de los escolapios, escuela del silencio, de la escritura, de los ejercicios escolares, de la disciplina será el modelo a partir del cual emergerá la escuela pública nacional.

Aunque se hace referencia a un educador encargado de mantener la disciplina en los patios de las Escuelas (El prefecto del Patio), tarea que se asociaba a quienes custodiaban a los escolares antes de autorizar el ingreso efectivo a la Escuela y a las aulas, sin embargo, SANTHA G. (1956: 356 y 647) señala la presencia de paseos recreativos y salidas al aire libre, diversas formas de paseos y recreación, pero no hay registro alguno de intervalos destinados a los recreos entre las diferentes clases: las lecciones diarias duraban tanto de mañana como por la tarde dos horas y medias o – como máximo – tres horas.

Solamente los internos del Colegio Nazareno disponían de un recreo después del almuerzo y otro después de la cena, ambos de una hora de duración.

[1] CUBELLS SALAS Francisco. Calasanz y la educación de los alumnos más pequeños, p. 139 No queda claro en las referencias consultadas si existía algún recreo que dividiera las obligaciones de cada una de las clases. Se habla del sonido de las campanas, del cambio de tarea y del uso de las oraciones como recursos para separar tramos diarios de actividades.

[2] ¿Los reglamentos serían como los instructivos que tienen las máquinas para que puedan ser usadas por los usuarios o sus aplicadores?

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