Dar más sabor a nuestra misión escolapia

Hoy 5 de diciembre se celebra el Día Internacional del Voluntario, una efeméride que busca resaltar la importante labor que realizan todas aquellas personas que deciden de forma desinteresada que dedican parte de su tiempo a los demás para hacer de nuestro mundo un lugar mejor.

En cierto modo, Calasanz tuvo la experiencia de ser voluntario cuando participó activamente en las Cofradías en sus primeros años de estancia en Roma. Visitaba enfermos, atendía a peregrinos y enseñaba a los niños gratuitamente. Con algunos años de experiencia como apostolado social, entendió que debía consagrarse por entero a la educación de los niños.

Las Escuelas Pías no pueden entenderse hoy sin la colaboración gratuita de muchas personas en la misión de evangelizar educando a los niños y jóvenes, preferentemente pobres. De hecho, en cada una de nuestras plataformas educativas (escuelas, centros de educación no formal, parroquias…) colaboran en buena armonía los trabajadores que reciben un salario por su trabajo y los que apoyan con parte de su tiempo.

El sistema educativo va más allá de la red escolar. Otros espacios, otros modelos y otros entornos distintos al escolar han servido y sirven en la actualidad para aprender; así que, toda reflexión sobre la renovación de la educación pasa por ponerla en relación con la comunidad que la sustenta y por tanto, a otros actores educativos.

En este nuevo escenario educativo, los educadores voluntarios tienen una gran importancia porque acompañan momentos importantes del crecimiento de niños y jóvenes. Los voluntarios hacen de entrenadores deportivos, educadores en el tiempo libre, catequistas, monitores de comedor escolar, etc. Por su especial relación con los niños, su influencia educativa es muy relevante. Además, su dedicación complementa el trabajo de los profesionales contratados.

En nuestras escuelas, parroquias y centros de educación no formal hay personas voluntarias. Sin ellas, muchas actividades valiosas serían imposibles de llevar. El panorama del voluntariado de nuestras presencias es complejo, pero muy rico y representa una gran oportunidad para ejercer la misión escolapia.

En el documento de la Congregación General “Misión compartida en las Escuelas Pías” (1999) ya se ofrece una definición amplia para los educadores que son “todos aquellos que intervienen en el proceso educativo, ya en el ámbito estrictamente escolar, como en cualquier otro: familiar, social, tiempo libre” (nº 27ª). Más adelante especifica qué tipo de educadores deben recibir una formación “agentes de pastoral, profesores, monitores, colaboradores, padres...”. En la acción social, eje transversal en la educación calasancia, se debe “promover el contacto con ONGs, voluntariado y movimientos de solidaridad”, así como “realizar signos de ayuda y servicio que vayan induciendo al estudiante a compromisos más amplios y orgánicos”[1].

Se da por entendido que los educadores escolapios no sólo son personas contratadas sino también voluntarias.

La realidad actual del voluntariado en las presencias escolapias es muy amplia, rica y plural:

  1. Educadores de grupos de pastoral con niños y jóvenes que acompañan procesos de iniciación cristiana cuya desembocadura es el descubrimiento de la propia vocación y la inserción plena en la Iglesia. En la mayoría de las demarcaciones escolapias, este grupo se identifica con el Movimiento Calasanz. Su ámbito es la acción de evangelización explícita.
  2. Educadores que trabajan en actividades de tiempo libre y enfocados a la construcción de una ciudadanía activa. Están vinculados en colonias de vacaciones, scouts, grupos ecologistas, etc… El contacto con la naturaleza es el marco en el que se mueven. También están los monitores que acompañan en grupos deportivos. Su ámbito es el juego y el deporte.
  3. Educadores que colaboran en diferentes programas de educación no formal en escuelas y centros socio comunitarios destinados al cuidado y acompañamiento de colectivos desfavo­recidos, como menores en riesgo de exclusión, emigrantes, ancianos, etc. Su ámbito es la acción social y cultural desde una perspectiva educativa.
  4. Voluntarios en la gestión y organización de organizaciones. Son personas que colaboran en el mantenimiento y coordinación de instalaciones, ayudando a realizar labores de la gestión económica o elaborando parte de los materiales de comunicación y difusión.
  5. Voluntarios para los cursos o talleres de formación. Impartiendo materiales adaptados a la realidad de las personas que lo van a recibir en las Escuelas de Educadores, grupos de pastoral o en alguno de los proyectos que llevan las fundaciones.
  6. Voluntarios que participan en iniciativas de sensibilización en actividades como la semana de la paz, charlas por los derechos humanos, campañas solidarias, rastrillos solidarios, comercio justo, etc.

Esta realidad es tan viva que requiere “hacer una reflexión sobre el voluntariado escolapio para su fortalecimiento e impulso en toda la Orden: identidad, procesos, tipos, formación[2] . Estamos en ello y ojalá salga pronto a la luz esta reflexión.

Con su entrega y sentido de pertenencia, los voluntarios dan sabor y luz a nuestra propuesta educativa; por eso, debemos acogerlos, acompañarlos, formarlos y que se sientan en casa.

Gracias a todos los voluntarios por el tiempo que dedicáis y el entusiasmo que ponéis en el servicio. Sin vosotros, nuestros centros educativos perderían el sabor de un buen proyecto educativo.


[1] CONGREGACIÓN GENERAL DE LAS ESCUELAS Pías (1999) “Misión compartida en las Escuelas Pías”. ICCE. Madrid

[2] CONGREGACIÓN GENERAL DE LAS ESCUELAS PÍAS. Programación del sexenio 2015-2021.