Si el aprendizaje surge de la necesidad o el interés, suele ser más rápido, efectivo y divertido. Es una manera sencilla de resumir teorías pedagógicas actuales (o no tanto) que tenemos presentes en las escuelas hoy en día y que se cumplen a cualquier edad y en cualquier lugar.

En este caso, la demanda llegó explícita de una de las partes: los alumnos del último curso del colegio Calasanz Hispanocostarricense habían pedido ya el año anterior poder contactar con el departamento de Orientación del colegio Calasanz de Valencia, en España, para plantear y resolver inquietudes universitarias y profesionales centradas en este país. Obtener la doble titulación en el Bachillerato (la costarricense y la española) es un privilegio que algunos querían (y podían) aprovechar; otros, solo tenían curiosidad por escuchar qué les contarían los especialistas en educación de un colegio español. La motivación de una de las partes, pues, estaba asegurada.

Por cuestiones de calendario, la experiencia se aplazó, pero el interés y el entusiasmo, especialmente de los americanos, seguía intacto un curso después. Tras la visita en persona del titular y una de las profesoras del colegio escolapio de San José a Valencia, la conexión quedó definida:

  • Será una experiencia horizontal, entre alumnos del mismo curso, para que puedan compartir inquietudes e intereses.
  • Puesto que la desproporción de alumnado en ambos colegios es grande, en el mayor de ellos seleccionaremos a un grupo de alumnos concreto; si no, la relación personal (aunque sea virtualmente) se diluye.
  • Horario compatible: primera hora en América, última hora en España.
  • Recursos técnicos: dispositivos electrónicos, selección de la web adecuada, creación de cuentas para la conexión… ¡Imprescindible garantizar este punto!
  • Temática: posibilidades de futuro académico o profesional.

Una experiencia de este tipo supone un esfuerzo previo importante de gestión y organización tecnológica: crear cuentas, instalar programas, reservar dispositivos, buscar espacios, agrupar alumnos… Es un trabajo arduo que se ve poco, pero sin el cual sería imposible desarrollar con éxito la actividad. Uno de los puntos clave de la conexión, sin duda, fue la implicación y las ganas de los equipos TIC de los colegios. También la facilidad que los equipos directivos y el profesorado implicado ofrecieron para que se diera: un claustro que no posibilita y no se entusiasma con una actividad, por sencilla que sea, no genera ganas de aprender en los alumnos.

El resto, vino rodado: en el momento en que –en Valencia- los ipads reflejan la imagen de un auditorio expectante, se producen los saludos institucionales pero amistosos de rigor (titular-dirección) y la experiencia fluye de modo sorprendente:

  • Se generan grupos espontáneos de alumnos para poder conversar con sus semejantes americanos. No hace falta obligar ni imponer, ¡nadie quiere perderse esta experiencia!
  • Se dibujan sonrisas en los rostros ilusionados que empiezan a generar palabras, conversación, relación. Sin pautas, sin guiones; pura improvisación y naturalidad. Si costaba conectar, ahí estaban los técnicos especialistas solucionando el problema lo más rápido posible.
  • Movilidad por las aulas y pasillos: es importante enseñarle al otro quién soy, el colegio, la clase, a mis compañeros, mis profesores… ¡todo! Quieren aprender y enseñar.

La experiencia estaba planeada para que ocupara una sesión. Por cuestiones técnicas, duró unos 40 minutos aproximadamente en el mejor de los casos. Les supo a poco: fue la clase más corta del curso; y aprendieron: de tecnología, de los sistemas educativos, de otro colegio escolapio, de las similitudes de las personas a pesar de la distancia, de inquietudes y anhelos de la otra parte del océano…

Lo mejor de todo fue que, al final, el componente puramente académico quedó superado por lo humano: la escucha, el acercamiento, la relación, la persona. Así fue como Calasanz lo quiso y nosotros, herederos de su inspiración, queremos seguir haciéndolo presente en los colegios escolapios del siglo XXI.

 

María Muñoz.
Directora Colegio San José de Calasanz de Valencia

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