Orientación fundamental por la cual la formación, la plena realización humana y cristiana y la felicidad de los niños y jóvenes constituyen el núcleo de nuestra Misión.

El filósofo Blaise Pascal (1623-1662) contemporáneo de Calasanz, expresa lo que la mayoría de la sociedad del siglo XVII pensaba de la infancia: “En cuanto los niños empiezan a tener razón, no se nota en ellos más que ceguedad y flaqueza: tienen el espíritu cerrado para las cosas espirituales y no pueden comprenderlas. Por el contrario, tienen los ojos abiertos para el mal; sus sentidos son susceptibles de toda corrupción y tienen un peso natural que a ello condice”. Es una visión muy negativa del niño que también compartían otros pensadores de la época: Montaigne, Luis Vives, Thomas Hobbes (Cubells:65).

Calasanz adquiere un conocimiento muy profundo de los niños a través de la experiencia directa que tiene con ellos y de una plena confianza en las potencialidades que tienen como hijos de Dios con una vocación de plenitud. Su experiencia de fe le ayudó a descubrir en los niños la imagen de Dios, la persona de Cristo de tal modo que escribe: Me gusta servir a los niños pobres porque en ellos veo a Jesucristo. Si los nuestros que han ido a ese país (Alemania) tuviesen en cuenta de lo que se hace a un pobre niño lo recibe Jesucristo en su propia persona, estoy seguro de que pondrían mayor diligencia. 

Considera que en los niños pobres está la presencia viva de Jesucristo tal como lo recordaba en las Constituciones citando el evangelio: “Lo que hicisteis con un hermano mío de esos más pequeños, conmigo lo hicisteis”. (CC nº 4). 

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